MuerteDiez mil campanas repicaron al unísono
Wadowice Los fieles cayeron de rodillas ante la noticia
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LAS CAMPANAS de todos los templos católicos de Polonia, más de diez mil, doblaron ayer tras conocerse la noticia de la muerte del que consideran "su" Papa, Karol Wojtyla. El repicar de las campanas se fundió con el llanto multitudinario, silencioso y resignado, exponente del dolor que ha sobrecogido a la "capital santa" de Polonia, Cracovia.
Se escuchó también la campana de Segismundo, la más emblemática de Polonia, en la catedral de Wawel, en Cracovia, donde el Papa, antes de ocupar dicha dignidad, ejerció como obispo metropolitano. Esa misma campana anunció el 16 de octubre de 1978 que el obispo cracoviano, había sido elegido Papa.
«Se ha terminado». Una frase que sonó como un disparo, certero y penetrante. El locutor de noticias de una de las más importante cadenas polacas, TVN 24, visiblemente afectado apenas pudo contener las lágrimas.
En Wadowice, lugar de nacimiento del sumo pontífice, centenares de personas reunidas al interior de la basílica de María y en la plaza que lleva su nombre cayeron de rodillas al conocer la noticia. «Qué hermosa vida. Qué hermosa muerte», dijo un sacerdote a los fieles allí presentes. «Juan Pablo II dedicó toda su vida a Cristo, ahora en agradecimiento debemos pensar en él», les exhortó.
No por esperada la noticia ha sido menos dolorosa. «Llevamos días aquí. Sabemos que era irremediable. Pero aún así, nadie como un polaco puede sentir en estos momentos tanto el dolor por la muerte del Papa», comentó un fraile franciscano.
La mayoría de templos, capillas y parroquias de toda Polonia habían decidido, una noche más, no cerrar sus puertas, pero las inmediaciones del Palacio Episcopal de Varsovia quedaron colapsadas en cuestión de minutos, ante el hervidero de personas que salieron de sus casas para acompañar el duelo.
Hacía apenas unas horas, en ese mismo escenario la emoción contenida ya había dado paso a las lágrimas. «No me quedan lágrimas», confesaba una joven. «No faltará tanto», sollozaba otra. Qué razón tenía. Mientras tanto, el arzobispo de Cracovia, el cardenal Franciszek Macharski, amigo personal del Papa, aparecía sereno, casi alegre. «La vida no acaba, la vida cambia», exhortó a los fieles.
Los católicos son conscientes pero es difícil mantener la entereza. «Tendremos que aprender a vivir sin él», dijo Jan Gora, padre dominicano de Poznan. El sacerdote debía transmitir en la televisión polaca palabras de consuelo para los creyentes, aunque finalmente rompió a llorar. «Tendremos que aprender a vivir sin él... pero en estos momentos esto aún es inimaginable», añadió.
La preocupación y la tristeza por Juan Pablo II unió a los polacos. El país está prácticamente paralizado desde que se conocieron las primeras noticias sobre la dramática batalla de Juan Pablo II contra la muerte. Pocos recuerdan ya que la campaña para la Constitución Europea debía haber empezado hace dos días. Por supuesto, ha sido suspendida ningún polaco recordaría hoy una cita con las urnas.
En Wadowice minutos antes de conocerse el fatal desenlace todavía podía oírse: «Aún rezo por un milagro». Para muchos polacos, la idea de una vida sin "su" Papa es inconcebible, aunque ya se respiraba el temor y la certeza de que la noticia no podía demorarse mucho más.
En la que fue casa paterna del Santo Padre, hoy convertida en Museo, la hermana Magdalena una de las monjas a su cuidado, en tono firme, pero jocoso, reprendía al sin número de periodistas: «Hoy estáis todos aquí, mañana nos quedaremos solos. Con nuestro Papa, aquí para siempre». Un vaticinio que pasados los días, el luto y el llanto seguramente se vea cumplido.
En la basílica de María, donde el Papa fue bautizado hace 84 años, recibió la primera comunión y ejerció de monaguillo los fieles se contaban por miles. No cabía ni uno más . Las plegarias se multiplicaron por millares, como lo hizo el llanto resignado del pueblo polaco, por la pérdida de su más querido ciudadano.
Ante la casa del ya fallecido Sumo Pontífice una anciana toma con fuerza su rosario, mira un retrato del Papa y dice con voz llorosa: «Aquí empezó todo. Es difícil creer que ahora todo acaba». |