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Kovacevic se anticipa a Krutxaga en un lance del choque de ayer. Alberto G. |
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Osasuna, en caída libre
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Uranga y Karpin sellan la salvación de la Real al filo del descanso y agravan la situación rojilla
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R. S. Donostia
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LA GIRA por Estados Unidos no le ha sentado nada bien a Osasuna, cuyo balance en 2005 es propio de un equipo condenado al descenso. Los rojillos aún mantienen cierto colchón de puntos, pero piden a gritos que se acabe la Liga. Lo vienen haciendo desde tres meses. La Real resolvió con goles de Uranga y Karpin en los cinco últimos minutos de la primera parte y rubricó definitivamente su permanencia.
Los de Aguirre se mostraron serios en defensa, su déficit, hasta encajar el primer tanto, y luego se desmoronaron. Y es que los donostiarras dejaron de nuevo patente que son capaces de lo mejor y de lo peor en un mismo encuentro: tras diez minutos prometedores sufrieron una terrible falta de ideas que les dejó a merced de un Osasuna que no se creyó capaz de dar el zarpazo.
Seguidores de unos y otros tuvieron que tirar de imaginación ante la pobreza de juego y la falta de pegada de ambos. Una inteligente acción de Karpin, el jugador más en forma de la Real, permitió fraguar la victoria a los de Amorrortu, al asistir el ruso a Uranga, quien, sorprendiendo a los centrales rojillos, remató libre de marca a la red. El propio Karpin, en el descuento, se aprovechó de un error y no desaprovechó el regalo de Krutxaga al intentar ceder un balón a su portero, ante la incrédula mirada de Aguirre, que se quedó petrificado en su banquillo.
En la reanudación hubo más ritmo, pero Riesgo abortó la ocasión de Josetxo. Kovacevic disparó al larguero con Elía batido y ahí se dio carpetazo al derbi. La Real visitará San Mamés aliviada tras condenar a Osasuna. |
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