CUANDO EN 1982 Juan Pablo II visitó Euskadi, Carlos Garaikoetxea, al frente del Ejecutivo vasco, fue el encargado de recibirle. El político de aquella jornada histórica recuerda «la emoción colectiva de una multitud que saludaba a su líder espiritual, que llegaba ya con la aureola de una personalidad fundamental en la historia reciente del mundo».
Garaikoetxea, además, no ha olvidado la llamada, que la noche anterior le hizo el presidente del Gobierno español: «me llamó preocupadísimo por el recibimiento que le podíamos dar. Sin duda temían que realizáramos ante televisiones de todo el mundo una ceremonia de Estado. Por eso creo que se inventaron lo del atentado, provocando un cambio complicadísimo en toda la organización de la visita». A pesar de todo,subraya, «el Papa fue muy cordial, aunque esperábamos algún gesto más explícito de reconocimiento a la nación vasca. ¡Claro que ya sabíamos cuál era su entorno de consejeros...!». Para el ex lehendakari, el Papa «ha tenido rasgos muy conservadores en materia de fe, moral y costumbres y, al tiempo, progresista y sensible en materia social, en su condena de las guerras y en las relaciones con otras religiones». |