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Un grupo de fieles polacos reza tras la muerte del Pontífice. AP |
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Polonia Temor a la división religiosa
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Sin la contención de Juan Pablo II, integristas y aperturistas pueden revivir sus enfrentamientos
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J. Ruiz Lardizabal Varsovia
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Los polacos temen que la desaparición de Juan Pablo II reavive el conflicto en el seno de su Iglesia entre la corriente integrista y tradicional y la aperturista y dialogante.
«Ahora ya no tenemos a quien pedir auxilio y eso significa que nos veremos obligados a resolver los problemas por nuestra cuenta», señaló Marek Belka, primer ministro.
Coincidió con Belka el arzobispo Jozef Kowalczyk, nuncio apostólico, quien señaló que, efectivamente, Polonia ha quedado algo huérfana, pero «tendremos que demostrar que aprendimos lo que nos enseñó el Papa». Lo cierto es que el Papa Wojtyla funcionaba en la Iglesia polaca como una especie de tapa de una olla a presión.
Al mismo tiempo Juan Pablo II era muy complejo, porque apoyaba muchas ideas de los representantes de la corriente dialogante y aperturista, pero también compartía muchas opiniones de los conservadores y tradicionalistas.
A los primeros les llenaba de alegría lo que decía el Papa de la explotación de los trabajadores y los pasos que daba para conseguir la reconciliación con los judíos y acabar con el antisemitismo, pero a los segundos les servían de argumento incuestionable su defensa de la vida y de la familia y su lucha contra el aborto, la eutanasia o las parejas homosexuales.
Las divergencias que hay en el seno de la Iglesia polaca se relacionan menos con esos últimos aspectos de la cruzada de Juan Pablo II por defender la moral católica. El aborto, la eutanasia o las parejas homosexuales importan ante todo en Polonia a la izquierda menos relacionada con la Iglesia y, por consiguiente, no son un problema para la institución.
Si lo son el antisemitismo, la xenofobia -bastante fuertes en la sociedad polaca- y el antieuropeísmo que los integristas católicos tratan de inculcar a sus compatriotas.
Papa europeísta
En 1999, durante su peregrinación a Polonia, el Papa pronunció en el Parlamento un discurso en el que proclamó con fuerza que su patria tenía que entrar en la Unión Europea. «Y que nadie tema que vayamos a perder la identidad que tenemos, porque, por el contrario, esa identidad será parte importante de la aportación que daremos a la comunidad», dijo entonces.
No convenció a los enemigos de la Unión Europea, que piensan que que el Papa es infalible solamente en los asuntos de la fe aunque la Iglesia tiene medios poderosos como la radio, con 2,5 millones de oyentes. |
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