|
|
|
Amenaza política suprema
|
 |
|
Iñaki San Sebastián
|
 |
Ya han hablado los tribunales españoles. En lugar de hacer justicia independiente han preferido calzarse su ‘‘bota política’’ y darnos una patada en la espinilla a los vascos. Así interpreto la pobremente argumentada defenestración de Aukera Guztiak. Ya está esta gente fuera de concurso y cada vez más ‘‘sola ante el peligro’’ la coalición PNV-EA...., con permiso del emergente Partido Comunista de las Tierras Vascas (EHAK). Ante semejante deriva del poder judicial estatal, incluso los abertzales más moderados vamos a sentirnos bajo una amenaza política suprema. Leyes ad hoc, bombardeo mediático, aterrizajes políticos del más alto nivel, insultos directos al lehendakari, etc. Al parecer vale todo en el intento de influir antidemocráticamente en los comicios autonómicos de Euskadi. ¿Hasta cuándo consentirá Europa semejante atropello en su seno? Y todo por el legítimo deseo de un pueblo de alcanzar la mayoría de edad como nación. De ver reconocida su aspiración al disfrute de una soberanía voluntariamente compartida con las naciones de su entorno. Inmersos ya en plena campaña electoral 17/A soportamos resignadamente la estridencia de determinados discursos pro-españoles. ¡Menudo espectáculo el de la María San Gil y Francisco López en el reciente debate en EiTB! Para contrarrestar la torrentera de desinformación diaria se impone una pequeña reflexión sobre un nacionalismo vivo desde hace 110 años. La forma de concebir Euskadi/Euskal Herria del Sr. Ibarretxe es mucho más que una simple ideología o un voluntarismo extenuante. Es algo que se sustenta en la experiencia vital de millones de vascos, a lo largo de nuestra histórica contemporánea. Es una fe especialmente viva en el futuro soberano de Euskal Herria. Una fe que implica no sólo a la mente y a la voluntad, sino también al corazón y en consecuencia al comportamiento. En este sentido los nacionalistas no somos cómplices de nada y mucho menos verdugos. Más bien víctimas de quienes consideran un delito el que amemos apasionadamente a nuestra patria-aberri. El que suscribe tenía "menos dos" años cuando Gernika y Otxandio fueron bombardeadas y no llegó a ver nada con sus propios ojos. Sin embargo en nuestra familia siguen vivitos y coleando testigos directos de aquellas masacres. Quienes convivimos con ellos diariamente sabemos que la sangre, aún en sus retinas, no llegó a borrarse con el truco de bautizar como cruzada a una carnicería. Por favor, no mezclemos irresponsablemente nacionalismo vasco y terror. ¿Es mucho pedir un poco de respeto al recuerdo de tantas y tantas víctimas inocentes, anteriores a ETA?
Los vasco-españoles de Euskadi, con gran parte de España a sus espaldas, son un mitad muy rara. Nunca han querido entender las profundas raíces de nuestro nacionalismo. Su sentido de la democracia le deja a uno atónito. Llaman libertad al sometimiento de los vascos a un Estatuto ya superado por los acontecimientos. ¡Y simultáneamente al Plan Ibarre-txe y sus más de 600.000 votos ‘‘ni agua’’! Al parecer, no es digno ni siquiera de un debate serio, punto por punto, en el Parlamento español. Así, el mejor instrumento para la paz en Euskal Herria, España y Francia se convierte en algo inviable. Los poderes fácticos del Estado han dictado sentencia tras acusarle, gratuitamente, de haberse quedado fuera del paraguas de la Constitución española. España vuelve a ser diferente idolatrando la vía policial.
La mencionada pareja San Gil-López, juntos o por separado, no parecen ser la mejor esperanza para una convivencia plural en Euskadi/Euskal-Herria. Deben de seguir en el ‘‘banquillo’’ y dejar que vuelva a ser Ibarretxe quien trate de organizar nuestro futuro. Él entiende y acepta la simbiosis históricamente real entre las naciones vasca y española, consciente de un cierto déficit de libertad provocado por la prepotencia de quienes pretenden aplicar la razón de la fuerza. Ayudémosle a encontrar una fórmula que cumpla la siguiente doble condición: 1. Hacer viable la legítima aspiración de Euskal Herria a su propia soberanía. 2. Evitar que la España más razonable se sienta fatalmente "desgarrada" en su unidad formal.
Dentro de Europa es más fácil convertir nuestra forzada simbiosis histórica, en una simbiosis autodeterminada por la voluntad de los vascos. La adopción recíproca de las dos naciones en litigio fomenta, amorosamente, la exaltación de las señas de identidad de cada una de ellas. Con un poco más de amor y menos amenazas, tanto "supremas como encaputxadas", las cosas nos irían aún mejor. El final del túnel que a tantos nos aterroriza dejaría de ser un espejismo. |
|