Desde que los misters no compiten en certámenes internacionales, lo mejor que le podía pasar al ex Mister Bizkaia, Eneko Van Horenbeke, era la conquista del mundo, que se dice pronto. Es que los chicos y chicas que han participado en ese concurso han tomado las cosas en serio, como una cuestión de patriotismo transeoceánico.
«Somos vascos y eso es más que una palabra. No tenemos fama de vagos», dijo el leioaztarra Natxo, que se quedó a las puertas del gran premio. Magallanes, Elcano,... se revolvieron desde sus tumbas cuando Eneko alcanzó la ikurriña situada en la isla de Salvamento, junto al denominado Faro del Fin del Mundo. La última prueba no tuvo mucho interés, ya que Eneko es remero y pudo llegar con los nervios templados.
El premio final no vincula al ganador a representar Euskadi en los organismos internacionales, pero debe aportar mucha autoestima.
El equipo de Julian Iantzi se ha sumergido en terrenos fascinantes como Ushuaia, el punto más austral del planeta. Pese a su cambio geográfico o la incorporación de vasco-argentinos, el programa no ha sido muy diferente en su puesta en escena o desarrollo a otros programados anteriormente. Por eso no fue muy llamativo la asistencia a la gala de ganadores de "Basetxea", o "La flecha amarilla".
Pase lo que pase, la gala final escenifica los piques, que en la mayoría de los casos suelen ser interpretaciones de las técnicas de los duelos. Nada que ver, por tanto, con los achaques de otros reality que están en la parrilla de otras cadenas.
Buena parte de la audiencia se puede sentir identificada con el estilo light y aventurero de estos programas, que no tienen que utilizar la bajeza moral más extrema para llamar la atención.
Después de "El conquistador del mundo" puede venir una segunda edición, o el hermanamiento de otras partes del mundo, como Chiapas, Mozambique, Vaticano o Catalunya. |