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Martine Franck retrata a los fotógrafos que, a su vez, la retratan a ella. Jabier Balledor |
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TELEVISIÓN
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«La influencia de Cartier-Bresson en mi obra debe verla otro, yo no la veo», asegura su viuda
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Martine Franck expone, hasta el 24 de abril, medio centenar de obras en Bilbao
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Ana Ramos Bilbao
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AUNQUE ASEGURA que en sus fotografías «no ve influencias» de Henri Cartier-Bresson, «eso tienen que verlo otros», lo cierto es que Martine Franck (Amberes, 1938), viuda de este gran fotógrafo del siglo XX, hereda estéticamente su concepción filosófica de la fotografía, como los críticos han puesto de relevancia .
Aunque el pasado mes de febrero la Sala de Exposiciones BBK de la capital vizcaina inauguró esta retrospectiva de la fotógrafa, hasta ayer no pudo la autora visitar la exposición y reflexionar acerca del sentido de su obra en la que «más que la belleza, persigo la armonía y la humanidad».
Las cincuenta imágenes que conforman "Martine Franck, fotógrafa" dan buena cuenta de su querencia por los retratos, «me apasionan, son siempre un nuevo encuentro»; aunque también por los paisajes, «por los que me he interesado más tarde», dice. Y aunque asegura que no tiene «preferencias temáticas», un asunto que siempre le ha conmovido es «el de la vejez». De hecho, Franck ha publicado el álbum "El tiempo de envejecer", «un cuestionamiento social sobre una realidad mirada de frente».
Miembro de la Agencia Magnum desde 1980, Martine Franck comenzó su trayectoria trabajando para el grupo Time-Life, que tenía como colaboradores a los mejores fotógrafos del momento. En 1964, se incorporó, también como fotógrafa, a Le Théatre du Soleil y, en 1970, entró a formar parte de la Agencia Vu. Dos años después, Franck crea Viva con algunos compañeros. En esa época, la autora realiza algunos de sus mejores retratos y algunos reportajes de viaje, «mi infancia fue cosmopolita y de ella he conservado el gusto por lo viajes, que siempre son una buena excusa para hacer fotos», explicó en Bilbao. |
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