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Una de las reuniones de los cardenales de los últimos días. La poderosa Curia romana puede experimentar cambios a partir de este momento con el nuevo Papa. AP |
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Las finanzas vaticanas, un enigma que se mantiene en el mayor secreto
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Todo da sensación de riqueza y lujo, aunque Juan Pablo II en su testamento no dejó propiedad alguna
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Carola Frentzen Roma
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La parábola La Santa Sede tiene siete años opulentos tras siete años flacos
Las reservas Los tesoros de la Iglesia no se pueden vender, dijo Juan Pablo II
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Opulento y pomposo. Esa es la sensación que da el Vaticano en sus misas y ceremonias. La Basílica de San Pedro y otras iglesias en Roma parecen rebosar oro, los tesoros están bien dotados, los cardenales visten valiosas casullas. Por ello sorprende que Juan Pablo II dijese en su testamento: «No dejo propiedad alguna sobre la que haya que disponer».
Las finanzas de la Santa Sede son tan opacas que nadie fuera de los muros del Vaticano sabe realmente de cuánto dinero dispone hoy día un Pontífice. Si uno pregunta sobre el sueldo de un cardenal, impera el silencio.
Balance anual
Todos los años, en verano, el Estado más pequeño del mundo publica su balance. Pero lo que el presidente de la prefectura económica del Vaticano, Sergio Sebastani, presenta públicamente tiene poco que ver con lo que se entiende por informe transparente. Y sorprendentemente dan sensación de escasez. ¿Es la Santa Sede tan pobre como dice ser?
Si uno se cree los datos del año 2003, entonces los gastos fueron de 213 millones de euros frente a unas entradas de 203,6 millones. Sebastani trató en aquella ocasión de explicárselo a sus sorprendidos oyentes con una metáfora: «¿Recuerdan el sueño del faraón del Viejo Testamento? Ese de las siete vacas gordas y las siete vacas flacas?». Como en la parábola bíblica, tras siete años opulentos, el Vaticano tiene siete años flacos. Hasta 2001, el centro de la cristiandad tuvo ganancias de más de 30 millones de euros.
Los altos dignatarios se toman el agujero financiero con una sonrisa. Y es que las pérdidas del Vaticano están cubiertas sin problemas por el patrimonio que posee. Pero los expertos difieren sobre cuán alto es este patrimonio. Se sitúa en alguna cifra entre los mil millones y los 12.000 millones de euros. Se incluyen acciones, reservas de oro, bienes inmobiliarios y tesoros. Y estos últimos no son nada fáciles de valorar: Los tesoros de la Iglesia católica, ya lo dijo Juan Pablo II, «no se pueden vender, pertenecen a todo el mundo».
La caja de la Santa Sede se alimenta tradicionalmente sobre todo de donaciones y subvenciones, cobro de alquileres, arrendamientos, la venta de sellos y monedas, así como transacciones financieras. Y luego está el llamado óbolo: Esta suma de dinero dada por católicos de todo el mundo voluntariamente creció en el año 2003 hasta los 55,8 millones de dólares y está pensado para apoyar el trabajo caritativo del Papa. No obstante, hay quien especula con que el óbolo ha servido durante años para tapar el déficit de las cuentas.
Más opacos aún son los negocios del ‘‘Istituto per le Opere di Religione’’ (IOR). Este instituto para obras religiosas, creado en 1942 por el papa Pío XII, está considerado como el banco vaticano, pero tradicionalmente no presenta balances ni informes de cuentas. El dueño del banco es el Pontífice, que tiene derecho a reclamar las ganancias. Más de una vez, negocios financieros no muy limpios del IOR saltaron a los titulares. Se llegó a hablar de lavado de dinero, engaño e incluso mafia.
El ‘‘caso Calvi’’
Muchos italianos recuerdan aún a Roberto Calvi, director del Banco Ambrosiano de Milán, a quien se conocía como el ‘‘banquero de dios’’ por sus relaciones tan estrechas con la Santa Sede. Tras la quiebra fraudulenta del banco, Calvi huyó de Italia y fue hallado muerto el 17 de junio de 1982, colgado del Puente de los Hermanos Negros en Londres. Poco antes de su muerte habría dicho: «Si me pasa algo, el Papa debe renunciar».
En el marco de las investigaciones que se han llevado a cabo, el cardenal estadounidense Paul Casimir Marcinkus, jefe entonces del IOR, tuvo que renunciar. Y hasta hoy, el trasfondo de la muerte de Calvi sigue sin haberse aclarado. El pasado martes, sin embargo, un Juzgado de Roma anunciaba el procesamiento de cuatro personas que podían estar implicadas en los hechos.
El Vaticano siempre rechazó cualquier responsabilidad en la bancarrota del Banco Ambrosiano, si bien admitió su ‘‘implicación moral’’ y decidió pagar 235 millones de euros a los acreedores de la entidad. |
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