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Un reloj parado en las horas felices
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Son músicas diversas pero las dos enamoran: las voces de la Coral de Ondarreta y roce de las telas de la ropa de altos vuelos que vende Julio Alegría.
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Jon Mujika
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El reloj no existe en las horas felices... De eso no tiene duda la pareja que aparece en la mítica fotografía ‘‘El beso de París’’ por la que alguien, se desconoce si romántico o ave rapaz del negocio de las Bellas Artes, acaba de pagar 155.000 euros en la Ciudad de la Luz. El beso de París es inmortal y eterno y el desembolso por la legendaria fotografía bien merece la pena, aunque haya sido en pública subasta y haya quien desconfíe de quien da besos con los ojos abiertos porque eso es sinónimo de que se los sabe de memoria. Fue un beso a contracorriente, público y a plena luz, cuando besar es verbo furtivo y oscuro. Besar con pasión, claro está, la misma que ponen, por ejemplo, Julio Alegría en su oficio del manejo de la tela (textil, quiere decirse...) o las voces de la Coral Ondarreta que preside Pablo Díaz-Guardamino, las dos historias protagonistas de la tarde.
Maniquíes ataviados con alegres colores, cajas con telas desbordadas y el tecnicolor que le pone a todo lo que hace (que le pone a su vida, en realidad...), el hombre de los bigotes prusianos, Julio Alegría, cayeron sobre la decoración de atardecer del Hotel Carlton como un arco iris. Se presentaba el nuevo catálogo de la tienda, Smith & Smith, con K-Toño Frade de extravagante y casi irreal modelo, acompañando en la pasarela a Eduardo Simal, Jon Vázquez Eguskiza, Guillermo Pérez Yarza y Gonzalo López Eguilaz. El desfile tuvo los ojos rasgados de la originalidad y se celebró bajo el nombre de ‘‘Chocolate Party’’, con Pablo Druille recién llegado de Ibiza para estampar dibujos en las camisetas, algo, al parecer, muy ‘‘in’’. K- Toño se empeñó en caricaturizarle y lo consiguió, mientras los salones del Carlton se iban llenando de nombres propios, desde la familia del propio Julio -su mujer, Maria Pi Alza, y sus hijas, Alejandra y Carla Alegría...- hasta Txema Vázquez Eguskiza, pasando por Delia Quintanilla, Begoña Gómez, el pintor Benedicto Martínez, Merche Fernández Trigo, Celia Delgado, José María Amantes, el escritor Juan Infante, el decorador Joaquín Gallardo, Jorge Portuondo, a quien las revistas del gremio destacan su donosura, Jesús Llona Larrauri, Garbiñe Badiola, Mari Lolo Artiach, Anabella Domínguez, José Urcelai, el director de Lan Ekintza, Marcos Muro, María Jesús Real, Eneko Van Horedecke, renqueante y con muletas y un buen número de clientes y amigos de un hombre nacido para el espectáculo.
Más sobrio, con el aroma de los actos solemnes, la Coral Ondarreta celebró su cambio de imagen corporativa con el anuncio de novedades -Don Quijote y el poeta Lauaxeta en el horizonte...- en el Club Marítimo del Abra, con Pablo Díaz-Guardamino, Manuel Torre-Lledó, Federico San Sebastián, Juan Uriarte, Javier Laucirica, Gonzalo Sanabria, Amparo Almeida u Octavio Sanabri, entre otros, como selectos invitados al cóctel de lanzamiento.
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| Jorge Portuondo, Maria Pi Alza, un maniquí y Joaquín Gallardo. Z. Alkorta |
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El callejón de las botxerías
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| Carla Alegría, Julio Alegría y Druille, dibujante de camisas. Zigor Alkorta |
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| Los invitados al cóctel de la Coral Ondarreta posan ante el anagrama. Z.A. |
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