Hillary Swank sostiene un arma que acabará por meterla en líos más que solventarle algún problema. Archivo
Una noche aparentemente tranquila, un barrio en que todo parece marchar con normalidad y sin estridencias. Un espejismo que se va a diluir exactamente a las 11:14 horas, momento en el que todas las conspiraciones que se gestaban bajo esta superficie engañosa terminan por estallar.