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el departamento de Comercio de EE.UU. presentó ayer la primera revisión de los datos del PIB del primer trimestre. Según sus nuevos cálculos, entre enero y marzo, la economía USA creció un 3,5%. La cifra supera en cuatro décimas la estimada inicialmente, pero queda una décima por debajo de las previsiones de los analistas. La diferencia entre el dato previo y esta revisión hay que situarla en los nuevos y mejores datos del déficit comercial yankee, correspondientes a marzo, y que se publicaron el 11 de mayo. Según esta estimación, el desequilibrio externo estadounidense en el tercer mes fue sólo de 55.000 millones de dólares y eso ha representado reducir a la mitad la aportación negativa que realiza al PIB este dato. En cualquier caso, y a la vista de la confusa trayectoria que presentaban las últimas macrocifras publicadas, existían pocas dudas sobre la intensidad de trabajo que sería exigida a los alquimistas encargados de preparar este ungüento. En definitiva, se trata de poder seguir abrazados a un dato de crecimiento apreciable, con el que intentar tapar las incertidumbres que presentan casi todas las restantes macromagnitudes de la economía USA. Hasta tal punto se daba por segura la modificación sustancialmente al alza del PIB en esta segunda revisión, que su presentación pública apenas ha tenido efectos mínimamente perdurables en los mercados. A base de su acreditada capacidad para conseguir resultados que se aproximan a las tesis oficiales, los encargados de realizar este tipo de estadísticas están consiguiendo que su trabajo pierda credibilidad a marchas forzadas. De ahí que los operadores de mercado busquen los más insólitos indicadores para establecer la selección de sus inversiones. Suponen que cuanto más recóndito sea el pliegue de la economía del que proceda el dato utilizado, menos posibilidades tiene de haber sido ‘‘tratado’’. |