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El guipuzcoano Iker Irazu se topa con un milagro en Tutera
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El de Bidelan-Kirolgi se fugó con Macía (Alfus) a 25 kms. de meta; la general continúa igual
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César Ortuzar Bilbao
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La ingeniería es hija de la exactitud, de leyes barnizadas en lógica. Las sorpresas resultan extrañas en una serie de cálculos que, realizados del modo correcto, desconocen el error. Iker Irazu, del Bidelan-Kirolgi, ha vivido en el pupitre de la lógica hasta abril. El pasado mes finiquitó su vínculo con el pensamiento exacto tras aprobar el proyecto de Ingeniería Técnica.
Ayer, camino de Tutera, decidió ser el mayor de los conversos, acunarse en la fe. Dejó de ver, de calcular, para creer. Se acercó al mundo de lo ilógico, a la explanada de los milagros. Con el aliento de la victoria surcándole los labios, Iker hablaba de «milagro». Él, el científico.
Su triunfo tuvo algo de milagroso. Al pelotón, que se acercaba voraz, le faltaron cien metros, tal vez menos, para engullir al ciclista de Asteasu y a Macías, el mejicano del Alfus-Tedes. Irazu y Macías habían huido a falta de 25 kilómetros para la meta del grupo al que pertenecían desde el kilómetro 18 de carrera. Ambos caminaron con un minuto sobre sus espaldas.
En la punta del gran grupo aparecían los hombres del Superfroiz, del Caja Rural y, a última hora, para enfilar aún más la caza, la locomotora rusa, el ejército del Lokomotiv, que pensaba lanzar a Nikolai Trussov, el ganador del XI Memorial Txuma el pasado sábado en Erandio.
Hacia el milagro
El ácido láctico y el dolor de piernas eran parte de la piel de Irazu y Macías. Sin embargo, sus miradas sólo veían el horizonte. Girar el cuello era perder tiempo. Cada búsqueda de los cazadores es un desplome moral. El mexicano del Alfus-Tedes metió la barbilla sobre la tija en los tres últimos kilómetros. Irazu viajaba escondido pensando en su metamorfosis. «Es el tirador, y el aguador», describe Xabier Muriel, el director del Bidelan-Kirolgi, el perfil de Irazu. Macías e Irazu sorbían sus sueños mientras sus rastreadores tragaban brea. Irazu se salvó por los pelos de la tiranía del pelotón, Macías no. Lo de Iker fue puro milagro. |
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