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La cuerda de Armañón es una sucesión de estaciones megalíticas. Santiago Yaniz Aramendia |
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La cresta de las Encartaciones
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La cresta del cordal de Armañón-Ranero ofrece una de las más bellas travesías de los montes de las Encartaciones
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Santiago Yaniz Bilbao
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Es larga y diversa, campestre y agreste, asomada al sur y al norte, sencilla y dura.
La travesía de la cuerda de Armañón, macizo que con este nombre alberga unas sesenta cotas diferentes pero que tiene su eje principal entre las alturas del Armañón mismo y el pico de Ranero permite unir un largo trayecto de cresta jalonado de monumentos megalíticos. Armañón y Ranero serán unidas siguiendo la linea de cresta que discurre por las cotas de Crucelares, La Galupa, Surbias y Cueto.
La partida para ascender a Armañón puede iniciarse indistintamente en el alto de la Escrita o en El Suceso. Una larga y atractiva cresta asciende desde La Escrita y desde el Suceso es una larga pista la que lleva faldeando hasta el collado bajo el Armañón donde se instala el túmulo prehistórico. Desde la pradera basta seguir el filo herboso de la cresta para coronar la cima más alta de la travesía.
De Armañón se tendrá ya a la vista todo el recorrido que nos espera, alargado hacia el Oeste. Hay que descender la cresta herbosa en este sentido para iniciar la travesía hacia el collado bajo la pequeña cima de Crucelares. Antes habremos atravesado la pista que atraviesa la cuerda dirigiéndose hacia el collado de Jorrios. En Crucelares encontraremos los primeros megalitos, un túmulo y un dolmen, de los muchos que se suceden en esta alineación. La cresta es casi llana y basta seguir las praderas de su cota superior. Por la cresta se alcanza la cota de Carcelares y se desciende al moderado collado que la separa de La Galupa, otra cota coronada por dos monumentos megalíticos. Más allá se afronta un profundo desnivel descendente que nos dejará en el collado de Surbias, caminando al costado de una larga alambrada que establece la divisoria entre Cantabria y Bizkaia. Luego un par de penachos rocosos cortan la cresta y hay que evitarlos. El GR de la Vuelta a Bizkaia está balizado por el Sur pero también pueden rodearse por un sendero al norte. Al otro lado hay que despreciar una pista que desciende zigzagueando hacia Santecilla aunque esta puede ser una vía de escape de la arista.
Zonas rocosas
El sendero se va aproximando a las zonas rocosas de Ranero y entonces evita la cresta muy complicada para mantenerse en la ladera norte avanzando sin perder altura. Otra senda más marcada bordea la alambrada que delimita los campos más altos y se puede caminar también por ella hacia el Alto de Cueto a donde llega un sendero que procede del mismo barrio de Ranero, ahora a la vista, y que puede servir para acortar el recorrido desde aquí.
Tenemos que remontar al borde de la alambrada para caminar enseguida la base del lapiaz que asoma sobre el karst intrincado de Ranero. Lo vamos a bordear por el norte y allí el sendero recorre el límite inferior del estrato rocoso de manera inteligente. Las marcas rojas y blancas del GR pueden ayudarnos ahora en el tramo más complicado. El sendero desciende ligeramente buscando el paso más cómodo entre las rocas y evita por la derecha una enorme dolina, desciende un poco más para girar tras un penacho rocoso al Oeste. El Ranero está al sur y hay que contornear la hoya que nos separa de él. El sendero camina por la izquierda para alcanzar a sus pies el collado de Valseca, a la izquierda de la cima. De este collado a la cima hay poco más de un cuarto de hora y hay que ascender hacia la derecha al Sur. Para descender hacia la explanada de la cueva de Pozalagua y Ranero hay que retornar al collado para decender un sendero muy empinado al Sureste que nos lleva en poco más de veinte minutos hasta las instalaciones para las visitas. |
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