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La mirada transfronteriza
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Democracia en Líbano
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José Luis Arriaga
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Lo titulamos así como si fuera una afirmación nuestra sobre el proceso electoral que empieza en Líbano el domingo que viene y se continuará en varias semanas sucesivas. La oposición a la ingerencia del gobierno sirio en asuntos internos del Líbano, tal como ha ido conformándose después del asesinato del ex ministro Hariri se resumía a una coalición entre el hijo de Hariri, Saad, y el druso Walid Yumblat, dos políticos que gozan de simpatías entre muchos nacionalistas libaneses. Pero al acercarse las elecciones los grupos más clásicos libaneses buscan ya su propio protagonismo en el Parlamento que se anuncia. Las fuerzas que conviene recordar para un futuro democrático no coaccionado por Francia son en un primer término el bloque chiíta del Hezbolá y el Amal, como segundo habría que nombrar todavía la minoría de los cristianos maronitas y una reciente unión entre drusos que comparten una fe de parentesco algo lejano de los chiítas y sunitas.
Como un elemento de novedad y seguramente de ruptura llega del exilio de Francia un jefe del ejército libanés de los tiempos antiguos, Michel Aún, que fue expulsado por los sirios y que se presenta a las elecciones como candidato y pretende romper la oposición acusándola de personalidades que han trabajado doblegados a las exigencias de los sirios, lo que en parte es verdad. Lo que pasa es que él luchó contra los sirios pero colaboró con los israelíes. El papel de Michel Aún va a ser el de la división de la minoría cristiana que en parte seguirá a Saad Hariri y Walid Yumblat y en parte a Michel Aún. El antiguo jefe militar exige ahora un cambio de la ley electoral, dictada por los sirios y amenaza con tomar «otras medidas» en caso contrario. Si a esto se añade la negativa de Hezbolá a dejar las armas, son hechos que alarman a la oposición y a EE.UU. que exige por su parte la retirada de los servicios secretos sirios que sospecha que aún siguen en Líbano.
Siria sigue siendo la preocupación de Bus h y su camarilla, y más cuando surge la posibilidad de que Al Zarqaui gravemente herido o tal vez muerto haya sido llevado desde el campo de batalla iraquí hasta Siria. ¿Qué mayor crimen que arrebatarle a EE.UU. su derecho a castigar judicialmente a su ofensor?
Una vez más el terrorismo halla el modo de ocultar su verdadero rostro para enseñar sólo a los que no poseen armas de destrucción masiva. |
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