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Óscar Alonso presentó "Ejecutar a Schubert" en el marco de la Feria del Libro de Bilbao. Roberto Zarrabeitia |
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TELEVISIÓN
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«Cuando escribo no busco el aplauso del público, sino el respeto del lector»
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Óscar Alonso Su nuevo libro de relatos, "Ejecutar a Schubert", le ha hecho valedor del Premio de Cuentos "Ateneo de La Laguna - Caja Canarias"
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Ana Ramos Bilbao
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ÓSCAR ALONSO (Bilbao, 1967) es un escritor de premio. El Tiflos, por "Disculpen el percance" desembocaría en "El coleccionista de cabezas reducidas", (Elea) un adelanto del que es su libro de relatos «más maduro narrativamente». En "Ejecutar a Schubert" (El Toro de Barro) su mirada mordaz pierde dureza en favor de un regusto amargo con que observar a sus solitarios protagonistas.
Una mirada sardónica y repleta de ironía que le hace poseedor de un estilo muy identificable, ¿busca crear una "marca de autor"?
En realidad, creo que he dejado un poco la línea ácida que había plasmado en mi último libro. Ya no soy tan bestia, pienso que ahora reflejo más la melancolía y la soledad de los personajes de modo más sosegado.
¿Quizás una mirada de sabor agridulce?
Sí, creo que me estoy haciendo mayor, me estoy serenando y estoy dejando de matar personajes para ponerlos a actuar narrativamente...
Una trama conducida con un firme pulso narrativo que desemboca siempre en un final sorprendente, ¿esa es la clave del cuento?
Sigo la línea postulada por Cortázar: "El cuento debe ser una esfera, redondo". O la de un amigo: "El cuento tiene que ser como una morcilla: bien relleno en el centro y atado en los extremos". Es decir, debe tener un inicio rotundo, enjundia en el desarrollo y un final seco que no deje puertas abiertas. Creo que ése es el secreto de un cuento o, por lo menos, de los que a mí me gustan.
¿Se trata de jugar con el lector para despistarle?
El final, cuanto más impactante mejor porque será leído por lectores de cuentos que son muy astutos, auténticos caníbales que, desde el principio, buscan por donde irá la sorpresa del autor. Es un juego un poco perverso en el que el autor llega a lanzar globos sonda para despistar al lector, aunque muchas veces no funcione y terminen pillándole.
¿Quiénes son sus cuentistas de referencia?
Sin duda, Kafka, su influencia es brutal. Desde aquel día en que convirtió a su protagonista en un monstruoso insecto dio un vuelco a la literatura. También soy un seguidor a ultranza de Chejov, Arreola, Bioy Casares y, por supuesto, Pedro Ugarte.
Ugarte, con quien le han comparado en tantas ocasiones...
Sí, trato de deshacerme de esas comparaciones pero siguen haciéndomelas. No sé si a Pedro le sienta bien que nos comparen (risas)... Creo que los dos tenemos un estilo distinto. Ugarte es una canalla más sensible y yo un canalla un poco más discotequero, un poco más bruto.
Nuevo libro, nuevo premio, ¿tocado por la fortuna?
Parece que publico a golpe de premio, pero la realidad es que no es fácil publicar cuentos. Con todo, cuando escribo no busco el aplauso del público sino el respeto del lector.
¿Las editoriales no apuestan por los relatos?
El cuento es un negocio ruinoso para los editores y ellos lo saben. Muchos lectores ven un libro de cuentos y dicen: "se acaban enseguida". No sé si se dan cuenta de la dificultad de comprimir en apenas diez páginas una historia... Para el autor es un auténtico calvario ir puliendo y modificando el lenguaje para prescindir de lo sobrante... Demasiado breve, puede quedarse en simple anécdota y demasiado largo, difuminarse... Debe tener la extensión justa y necesaria.
Pregunta obligada, ¿para cuándo una novela?
Estoy muy muy cómodo con los cuentos, aunque eso no significa que no escriba novela. De hecho, tengo dos terminadas pero están en el archivo y sigo escribiendo cuentos. Estoy pendiente de lo que todos los autores, de la respuesta de las editoriales.
Publicar, hacerse un nombre... ¿Además de ser bueno, precisa, sobre todo, de suerte?
Exactamente, con la oferta brutal que hay no vale simplemente con ser bueno. Tienes que tener un sitio en la librería, que el lector te vea cuando entre, que no estés escondido o directamente en el almacén. Los libros cambian de un día para otro y es imposible hacerte un hueco. Al final funciona el boca a boca... Es un proceso bastante artesano. |
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