FINAL TRÁGICO para el que ha sido también uno de los sucesos más dramáticos que se recuerdan en Gipuzkoa. El cuerpo sin vida del vigilante de seguridad Manuel Ignacio Apaolaza fue hallado a primera hora de la tarde de ayer en una zona boscosa situada a escasos metros del Kutxaespacio de la Ciencia de Miramón (Donostia).
El cadáver se encontraba boca arriba y tenía un impacto de bala en el pecho. Juntó a él se halló también el arma con el que presuntamente se efectuó el disparo, así como la documentación del fallecido que guardaba en un bolsillo y que confirmaría que se trata del mismo vigilante de seguridad que desapareció el domingo tras el misterioso incendio intencionado que arrasó las instalaciones centrales de la Hacienda Foral guipuzcoana, conocida también como la torre de Errotaburu.
El hallazgo del cuerpo ayer fue poco menos que producto de la casualidad. Un grupo de niños de entre 13 y 14 años que había acudido a visitar con su colegio el Museo Kutxaespacio de la Ciencia se encontraba en el exterior jugando al balón. Eran en torno a las tres de la tarde y no hacía mucho que había salido del museo. Tras tomarse un tentenpié junto a sus compañeros y profesores en la zona habilitada para ello aprovecharon para jugar un pequeño partido de fútbol.
Un mal pase hizo que el balón saliera disparado y se perdiera entre los árboles de una zona boscosa de difícil acceso que linda con este museo y que es además una pronunciada pendiente que lleva hasta un sendero que cruza la ladera. Tres chavales se dispusieron a bajar para recuperar el balón y vieron con gran sorpresa que había algo extraño entre la hierba. Al acercarse algo más pudieron comprobar que se trataba del cuerpo de una persona.
Alarmados, dieron aviso a sus profesores, y éstos se lo comunicaron a su vez al guardia de seguridad del museo. Tras el desconcierto inicial, en apenas diez minutos la Ertzaintza llegaba al lugar, acordonaba la zona y comprobaba que el fallecido era Manuel Ignacio Apaolaza, el vigilante de seguridad de 42 años, natural de Zizurkil y domiciliado en Donostia, que desapareció tras el trágico incendio provocado en la torre de Hacienda durante la noche del pasado domingo.
Un revólver junto al cadáver
La investigación ha concluido que el arma encontrada junto al cadáver es un revólver de calibre 38, lo que coincide con la pistola reglamentaria que utilizan habitualmente los vigilantes de seguridad. Todo hace pensar, además, que se trataría del mismo arma que desapareció de la escena del crimen donde se encontró muerto, el lunes, con un disparo en la cabeza a su jefe inmediato, el también guardia de seguridad Florencio Parra Barrios, de 41 años de edad y natural de Donostia, aunque residía en Errenteria desde hace años.
La policía científica de la Ertzaintza, primero, y varias patrullas de este mismo cuerpo después, rastrearon concienzudamente la zona y los alrededores donde se halló el cadáver en busca de nuevas pistas . Lo hicieron a lo largo de más de tres horas y media. |