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La Casa Batlló (1904), una de las realizaciones más singulares y fantásticas de Gaudí en Barcelona, ahora declarada patrimonio de la Humanidad. AP |
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Paisajes asombrosos convertidos en arte por la naturaleza
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la ecología, la arquitectura o el arte ofrecen un testimonio cultural y humano que es patrimonio de la Humanidad
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M. J. Gandariasbeitia/Agencias Bilbao
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Las maravillas del mundo, que un día fueron siete, se multiplican. Al igual que Marco Polo quedó prendado de los jardines de Suzhou en el sur de China, florecientes en la ruta de la seda, los ciudadanos del siglo XXI conocen por medios más sofisticados y veloces paisajes asombrosos repartidos por el mundo, que la Unesco selecciona cada año como Patrimonio de la Humanidad.
Las maravillas de la naturaleza fueron consignadas antes de lo que pueda creerse. El especialista francés Léon Pressouyre cita un manuscrito del siglo XII que se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia donde se mencionan los siete prodigios de la naturaleza: las mareas, la germinación, el ave fénix (que renace milagrosamente de sus cenizas), un volcán (el Etna), una fuente termal próxima a Grenoble, el sol y la luna.
Desde entonces hasta hoy, el conocimiento ha crecido y también las realizaciones humanas. La mano del hombre -especialmente destructora, como vemos a diario- ha construido también sus propias maravillas, a veces en complicidad con la naturaleza. Las obras de Antoni Gaudí incluidas en el patrimonio mundial este mismo mes de julio son buen ejemplo de ello. En la relación, además, la Unesco ha introducido países como Moldavia, Bahrein o Bosnia-Herzegovina.
Entrando en el detalle, patrimonio de la Humanidad son desde ahora el parque japonés de Shiretoko, en la isla norteña de Hokkaido; los fiordos Geirangerfjord y Naeroyfjord, en el suroeste del Noruega; la bóveda de Vredefort, a unos 120 kilómetros de Johannesburgo; Wadi Al-Hitan, el valle de las ballenas, en el desierto occidental de Egipto, o el complejo forestal de Dong Phayayen, en Tailandia. Además se protegen 244 islas, islotes y zonas costeras situadas en el Golfo de California en el noreste de México y el Parque Nacional Coiba (PNC), en el Pacífico panameño.
Refugio de especies
En este parque, al abrigo de los vientos fríos y de los efectos del fenómeno meteorológico ‘‘El Niño’’, los bosques tropicales húmedos del Pacífico de Coiba contienen un nivel endémico excepcional para los mamíferos, los pájaros y las plantas debido a la evolución de nuevas especies.
«Es el último refugio de un cierto número de especies amenazadas» y «un laboratorio excepcional para la investigación científica y sirve de escala ecológica clave en el Pacífico tropical oriental para el tránsito y la supervivencia de peces pelágicos y mamíferos marinos», ha destacado la Unesco.
En cuanto a las islas y zonas protegidas mexicanas en el mar de Cortez están consideradas como «un laboratorio para la investigación», pues «todos los procesos oceanográficos del planeta están representados en el sitio», que tiene «una belleza natural destacable».
La zona «ofrece un paisaje espectacular de islas de relieve accidentado compuestas por grandes acantilados y de playas de arena, que contrastan con el marco desértico que reflejan y las aguas turquesa», destaca el organismo internacional.
Este paraje acoge 695 especies de plantas vasculares, más que en cualquier otro sitio marino e insular de la Lista del Patrimonio Natural de la Humanidad, y es también excepcional desde el punto de vista del número de especies de peces: 891, de los cuales 90 son endémicas. Asimismo alberga el 39 por ciento de las especies mamíferas marinas y un tercio de las de cetáceos de la Tierra.
Del parque japonés de Shiretoko, en la isla de Hokkaido, la más al norte de Japón, la Unesco subraya que es un ejemplo destacable de interacción de ecosistemas marinos y terrestres, así como de gran importancia para varias especies en peligro endémico.
Fiordos, fósiles y meteoritos
En Europa, los fiordos Geirangerfjord y Naeroyfjord, en Noruega, de los más largos y más profundos del mundo, están considerados entre los paisajes más espectaculares del Planeta. «Su excepcional belleza natural proviene de paredes cristalinas, estrechas y abruptas, que se elevan hasta 1.400 metros del mar y se hunden 500 metros por debajo», asegura la Unesco.
De la bóveda de Vredefort, a unos 120 kilómetros de Johannesburgo, los expertos subrayan la estructura del impacto de un meteorito de gran tamaño hace más de 2.000 millones de años, el más antiguo descubierto hasta ahora.
Sobre Wadi Al-Hitan, el Valle de las ballenas, en el desierto occidental de Egipto, contiene fósiles de gran valor, pues muestra un momento precioso de la evolución de este mamífero de su etapa terrestre a la marina. Y, por último, del complejo forestal de Dong Phayayen, en Tailandia, la Unesco destaca su riqueza paisajística y de especies.
En definitiva, dentro de su diversidad, todos ellos tienen ecosistemas singulares e irrepetibles, en general muy vulnerables frente a la civilización, que deben protegerse porque muestran las huellas de la historia y son un patrimonio cultural fundamental. |
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