UNA POTENTE EXPLOSIÓN agregó ayer más tensión a las tareas de auxilio a decenas de miles de habitantes de Nueva Orleans que están sin agua potable ni alimentos desde que el huracán ‘‘Katrina’’ asolara la ciudad hace cinco días. La explosión en un depósito ferroviario de Nueva Orleans y un gran incendio en pleno centro de la ciudad agravaron aún más si cabe el caos reinante. En un principio, nadie sabía si en el depósito había almacenados productos químicos peligrosos. Los bomberos acudieron al lugar acompañados de un equipo de expertos en el control de sustancias peligrosas. Especialistas del cuerpo de pioneros trabajaban bajo una gran presión para reparar los diques. El general Karl Strock manifestó su preocupación por la posible llegada de nuevas tormentas procedentes del Caribe antes de que los diques estén reparados. La temporada de huracanes se extiende hasta finales de noviembre.
En el estadio de fútbol y el centro de congresos, miles de personas desesperadas caminan entre basura y aguas fecales, en los portales de las casas pueden verse cadáveres en estado de descomposición. El ejército comenzó el jueves a lanzar comida y botellas de agua desde helicópteros. La situación se agrava cada vez más.
Los policías se situaban con sus fusiles en los tejados de las casas para controlar a las bandas de saqueadores. Los turistas se atrincheraron en los pisos más altos de los hoteles y pedían ayuda por teléfono. «No sé si tienen siquiera claro que estamos aquí», decía Phyllis Petrich.
Implorando por teléfono
Karen Carter, diputada en el Parlamento de Louisiana, imploró por teléfono el envío con carácter urgente de más autobuses a Nueva Orleans. «Apelo a todos los que tienen autobuses y suficiente gasolina: Envíenlos a Nueva Orleans. ¡Pueden salvar millones de vidas!»
En vista del caos y la miseria en Nueva Orleans tras el paso del huracán, el alcalde de esta ciudad, Ray Nagin, expresó su enfado por la escasa ayuda. «Necesito refuerzo policial, necesito tropas, necesito autobuses», dijo Nagin en una entrevista con la emisora WWL.
Nagin arremetió enfurecido contra Bush y su gobierno, y dijo que «no tienen ni idea de lo que está pasando aquí». «Muevan el trasero y hagamos algo (...) es un desastre nacional», añadió Nagin quien también reclamó que se traiga la ayuda de una «maldita vez».
La gobernadora de Luisiana, Kathleen Blanco, amenazó con utilizar las armas contra los saqueadores y otros infractores de la ley en la zona de Estados Unidos afectada por el huracán. «Estos soldados saben cómo se dispara y se mata. Sus armas están cargadas», agregó. Una portavoz del ejército en Qatar subrayó que no está previsto retirar soldados de Afganistán o Irak.
«Es un campo de batalla, caen disparos, yacen cadáveres en las calles», explicaban Tim, de 54 años, y Joanne Miller, de 49, originarios de Queensland, en una entrevista en una cadena de televisión australiana. Durante cuatro días, la pareja y otros dos australianos se refugiaron debajo de un puente junto a una montaña de cadáveres. Los turistas reconocen haber robado comida. «Somos saqueadores, como todos aquí». Por la noche fueron testigos de la violación y asesinato de una niña de siete años. «No le hacemos reproches a la policía», opinaba Joanne. «Están bajo una enorme presión», justificó.
El Senado aprobó en Washington un paquete de ayuda urgente de 10.500 millones de dólares. Se trata de una primera medida, dijo el líder de la mayoría en el Senado, Bill Frist. Más tarde se hablará de más dinero. En la zona devastada, que con sus 223.000 kilómetros cuadrados es casi tan grande como Gran Bretaña, aún faltan alimentos, agua potable, medicamentos y medios de transporte para decenas de miles de refugiados.