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Un científico de un laboratorio de Barcelona experimenta con cromosomas. Archivo |
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Nace en Barcelona el primer bebé de un embrión congelado adoptado del mundo
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El programa que lo ha originado se inició en el Institut Marquès de Barcelona en octubre
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Agencias Barcelona
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Eva, de 41 años de edad, dio a luz ayer por la mañana por cesárea a Gerard, un bebé de 3,4 kilos. La madre, contenta, aseguraba tras el parto que todo había ido «muy bien y muy rápido». Hasta ahí todo normal. Pero el estreno de Eva como ama tiene algo que lo hace, hasta ahora, único en el mundo: Gerard es el primer bebé que nace a partir de embrión congelado adoptado.
Sin embargo, incluso eso que suena tan raro e importante para la ciencia -"primer bebé de un embrión congelado adoptado"-, es incapaz de superar la emoción que embarga a cualquier ama-txu cuando da a luz a su primer hijo. Y al segundo. Y al tercero, si hay alguien que, con los tiempos que corren, se atreve a tamaña hazaña, claro. Eva explicaba su experiencia asegurando que tanto el proceso del nacimiento como todo el embarazo, a pesar de lo peculiar del caso, «ha sido muy normal».
El programa que ha permitido este nacimiento, basado en la adopción de embriones, se inició en el Institut Marquès de Barcelona el pasado mes de octubre. Su objetivo era dar salida a todos los embriones congelados que quedaban almacenados en los bancos de las clínicas de reproducción, después de que las parejas se sometieran a un tratamiento de fertilidad.
Con el cambio de la Ley de Reproducción Asistida los centros hospitalarios tienen ahora la posibilidad de que las parejas que se someten a estos tratamientos sean las que decidan el destino de los embriones sobrantes. Así, se les envía una carta dónde se les pregunta qué quieren hacer con ellos: volver a someterse a un nuevo tratamiento, destruirlos, donarlos para investigación o para otras parejas. El problema es que «la mayoría de estas parejas no contesta», explica, la jefe de Servicio de Esterilidad del Institut Marquès, la doctora Marisa López Teijón. Este vacío «no significa que se desentiendan», lo que ocurre es que «les supone un conflicto emocional», aclaró López Teijón. De este modo, «toda esa responsabilidad» acaba recayendo sobre los responsables de los Servicios de Reproducción Asistida.
El Institut Marquès pensó que esta situación no era justa y quiso «comprometer a la sociedad», por lo que de todos los embriones que tenía congelados que se hubieran destinado a investigación se hizo una selección «para proponerlos para un programa de adopción».
La doctora quiso destacar que las mujeres que se han sometido a este proceso llegan a la clínica con «la mentalidad de venir a adoptar». Todas saben que son embriones «abandonados» y no piden ningún dato sobre ellos. Se trata de una actitud distinta de la que tienen las parejas que se someten a un tratamiento de reproducción asistida, ya que éstas buscan que tenga características físicas similares.
Las mujeres que acceden a adoptar este tipo de embriones tiene una peculiaridad en común, la existencia de un enorme componente humano. Acostumbran a ser personas con intentos de reproducción in-vitro fallidos, pero también se dan las parejas con hijos y las parejas con hijos que han fallecido o sufren alguna enfermedad. Incluso han recibido el caso de una ex religiosa que abandonó la orden dado su enorme deseo de ser madre. |
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