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Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria. Archivo |
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La historia del momento histórico
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La propuesta de nuevo Estatut aprobada la semana pasada en el Parlament catalán por un amplísima mayoría, ya ha desatado una oleada de reacciones contrarias en España
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Juan Carlos Latxaga
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HAY QUIEN DICE QUE estamos viviendo una época tan trascendente como la que vivimos cuando murió Franco. Probablemente los que lo dicen no vivieron aquellos años o son los mismos que nos venden un partido del siglo al mes. La tentación de sentirnos parte de la Historia, así con mayúscula, nos juega estas pasadas. Al personal no le basta con vivir y hacerse su pequeña historia personal del día a día. Necesita sentirse parte de la epopeya. Si en 1968 París debía de tener algo así como cien millones de habitantes, y si con los grises corrieron hasta los más conspícuos ideólogos de la derechona española (hay que reconocer que nunca especifican si corrían delante o detrás) cómo vamos a negar ahora a nadie el derecho a vivir un episodio histórico que contar a sus nietos. Aquellos tiempos en los que tampoco salió adelante el Estatuto que pedían los catalanes... evocarán dentro de dos o tres décadas, cuando algún otro visionario alerte de la ruptura de la indisoluble España. Será el escepticismo de la edad, pero me da que estos tiempos que vivimos sólo serán históricos si el Athletic gana la Liga. Y mira que podrían serlo (no por lo del Athletic, que eso ya sería encuentros en la tercera fase) sino porque estamos ante una estupenda oportunidad para salir de una trampa en la que nos cazaron hace treinta años. No sé si la propuesta catalana es anticonstitucional. De lo que estoy seguro es de que no es republicana, ni independentista y de que aunque se apruebe sin mover una coma, el Estado español seguirá figurando como tal en el concierto internacional y los señores Rajoy y Acebes podrán seguir cobrando sus sueldos de parlamentarios. Si después de un pedazo de transición democrática que ha sido el pasmo del mundo mundial, franquistas y falangistas siguen ocupando cargos públicos y privados, qué influjo puede tener en la España eterna un Estatuto más o menos avanzado. Pues ya verán que ni así. Contrastados internacionalistas y progres ciudadanos del mundo ya se han puesto de manos ante la definición de Catalunya como nación, y en cuanto al asunto de la financiación, qué decir del proverbial apego de los catalanes a la pela y su manifiesta insolidaridad. Han adelantado el no a la propuesta de todas las maneras posibles, pero, una vez más, ha sido el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, el que ha puesto los puntos sobre las íes. «Ahora hay que meter la guadaña y eliminar todo lo que tenga visos de anticonstitucional», ha sugerido con su habitual sutileza. Librepensador que es el hombre. |
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