Benedicto XVI usó ayer tonos muy pesimistas e incluso echó mano del Apocalipsis para denunciar que Dios está siendo desterrado de la vida pública y relegado al ámbito de lo privado, una de las críticas que frecuentemente hace a la sociedad actual: la pérdida de la relevancia pública de Dios.
Joseph Ratzinger utilizó los tonos apocalípticos en la homilía de la misa con la que abrió la XI Asambleas del Sínodo de Obispos, el primero de su pontificado, donde advirtió a la Iglesia, en especial a la «Iglesia en Europa, a Europa y a Occidente en general» que el juicio anunciado por Dios también les afecta.
Tras recordar la lectura del profeta Isaías sobre la viña que en vez de uvas buenas las da malas, el Papa dijo que la vida de los cristianos muchas veces es «más vinagre que vino, es autocompasión, conflicto e indiferencia». Añadió que la uva buena que esperaba Dios consistía en la justicia y la rectitud, mientras que la mala es la violencia, el derramamiento de sangre y la opresión.
Después denunció que los hombres quieren ser dueños del mundo y de la vida de manera ilimitada y que Dios se convierte en un «obstáculo» a sus pretensiones de «usurpar la creación».
Pero el hombre no se detiene y para superar ese obstáculo -denunció Ra-tzinger- lo relega al ámbito de lo privado o lo destierra de la vida pública, para que así pierda todo su significado.
«La tolerancia que admite a Dios como algo privado, pero no le reconoce el dominio público, la realidad del mundo y de nuestra vida, no es tolerancia, sino hipocresía», censuró el Papa.
El Pontífice aseguró que el hombre puede echar a Dios fuera de la viña y «asesinarlo» para gozar egoístamente y en solitario de los frutos de la tierra, pero que muy pronto esa viña se transforma en tierra yerma.
Y en ese punto recordó el juicio que promete Dios a la «viña infiel». «La amenaza del juicio también concierne a no-sotros, la Iglesia en Europa, Europa y Occidente en general. El Señor grita a nuestros oídos las palabras que en el Apocalipsis dirige a la Iglesia de Efeso: si no te arrepientes, vendré y te quitaré el candelabro. También a nosotros nos puede quitar la luz y haremos bien si hacemos caso y pedimos al Señor que nos ayude a convertirnos», agregó.
En ambientes vaticanos las palabras de Ratzinger han recordado las meditaciones que escribió para el Vía Crucis de esta pasada Semana Santa, donde denunció que el hombre actual no cree en nada y se deja arrastrar por un nuevo paganismo y que la tendencia es hacia un secularismo sin Dios. |