Año y medio después de partir de su Valencia natal, Fernando Romero ha completado en la India sin apenas percances un periplo de 25.000 kilómetros en solitario con su bicicleta por doce países, la mayoría atravesados por la Ruta de la Seda.
Dos kilos más delgado y casi 40 "pinchazos" después pero «muy contento», Romero, de 37 años, regresa hoy a España pensando que estos dieciocho meses han sido un «sueño, porque cuando reflexiono me parece increíble lo que he hecho».
«Había leído muchas historias sobre la Ruta de la Seda y recorrerla me parecía una aventura bonita y romántica, pero en las primeras semanas me faltó poco para abandonar», confesó ayer Romero, un tipo delgado y tranquilo que muestra orgulloso sus zapatillas gastadas por el pedaleo constante.
El ciclista salió en avión de Valencia el 12 de abril de 2004 hacia Estambul, donde tres días después inició un recorrido por la legendaria ruta de los mercaderes desde Turquía hasta China, pasando por Asia Central, al que a última hora sumó también el Sudeste asiático porque prefirió pasar allí el último invierno.
Ha subido montañas de hasta 4.000 metros de altura y soportado temperaturas muy extremas, desde los 50 grados del desierto de Turkmenistán hasta los diez grados bajo cero del paso de Karakorum en Pakistán, a finales de julio pasado.
Lo que más sorprende es que Romero no era siquiera aficionado al ciclismo cuando planeó este viaje -«nunca había seguido el Tour ni nada de eso»- y se compró la bicicleta sólo dos meses antes de partir pues la que tenía de pequeño «estaba oxidada».
Pero en este tiempo, con más de 20 kilos de peso en las alforjas de su bici -donde llevaba ropa, comida, herramientas «y sobre todo mucha agua»-, Romero ha pedaleado una media de cinco horas diarias, aunque a veces sus jornadas en bicicleta se han alargado algo más.
«En el desierto de Taklamakan, en China, llegué a hacer once horas seguidas, 201 kilómetros, porque durante los últimos 40 kilómetros no encontraba dónde dormir», indicó.
Recorrer China de punta a punta le llevó siete meses y medio pero es de ese país, junto con Turquía e Irán, de donde guarda sus mejores recuerdos. Algunos iraníes le acogieron en sus casas y le dieron su comida, aunque por lo general Romero ha dormido en las pensiones y hoteles más baratas que ha encontrado.
Pinchazos y constipados
Descontando las paradas, han sido 1.500 horas a lomos de su bicicleta, que le ha dado un resultado «estupendo» pues sólo ha tenido que arreglar los «pinchazos» y algunos radios rotos. Romero, en todo este tiempo, no ha tenido un disgusto serio de salud, más allá de constipados o pequeñas molestias estomacales, y sólo se ha caído de la bici tres veces, aunque sin consecuencias.
Este licenciado en Geografía e Historia, que antes de galopar en una bicicleta se dedicaba a ser guía turístico y traductor en Roma, ha cumplido casi sin desviarse el plan trazado antes del viaje. «Pensé que iba a hacerlo en diecisiete meses pero al final lo hice en dieciocho y las etapas diarias las fui cumpliendo casi siempre», aseguró.
Tras su impresionante periplo asiático, este guía turístico se queda con la belleza de Kirguizistán, las montañas del norte de Pakistán, la bahía de Halong en Vietnam, el desierto de Taklamakan en China y el monte Ararat en Turquía.
Tiene más de 5.000 fotografías de hermosos paisajes, que usará para escribir un libro, y cree que volverá a pedalear pronto «aunque durante menos tiempo y posiblemente en compañía, porque hacerlo solo ha sido muy duro».
El descanso, en cualquier caso, tardará en llegar hasta el día 8 pues la última etapa de su regreso, de Barcelona a Valencia, la hará en bicicleta para evitar «un shock» y porque no le asusta el tráfico en España «después de lo que he visto en tantas carreteras infames». |