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¿Y qué nos falta en Euskadi?
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Iñaki González
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Da envidia lo visto la pasada semana en Catalunya. El pulso se prolongó hasta el final pero el desenlace llegó por la capacidad de una mayoría incontestable de poner por encima de las visiones individuales un objetivo común. Es inevitable preguntarse qué nos falta en Euskadi para habilitar un escenario similar. La primera convicción que viene a la mente es que nos falta paz y nos sobra tensión. Es difícilmente imaginable, tras la experiencia de nuestra propia propuesta de reforma estatutaria, que se habiliten las necesarias y profundas reformas políticas sin superar antes el atrincheramiento que marca la violencia. No hay margen a la generación de consensos suficientes mientras persistan las dinámicas de violencia y su represión, con el corolario de desgracias que ambas provocan. Pero tampoco se puede ocultar que, más allá de esa necesidad fundamental de superar el escenario de confrontación y amenaza, nos queda por recorrer ese camino que en Catalunya permite hacer del "catalanismo" un valor generalizado dentro y fuera del nacionalismo y que en Euskadi mantiene al "vasquismo" criminalizado. La convicción con la que la izquierda no nacionalista ha hecho suya en Catalunya su realidad nacional y sociocultural sigue aletargada o minorizada en el socialismo vasco. A todos corresponden pasos valientes en ese sentido. Otegi admitía días atrás que la prioridad inmediata es la paz y no la independencia. Al PNV el mismo discurso le convierte en blanco de reproches, pero lo sostiene. Para reproducir el escenario catalán de encuentros falta ese paso en el que el PSE vea en Euskadi una nación y en ésta una oportunidad y no una amenaza. |
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