|
|
|
El desarme de las armas
|
|
El autor sostiene que la opinión pública es fácilmente manipulable desde el ámbito político debido a la permeabilidad de la corteza terrestre
|
 |
|
Carmen Torres Ripa
|
 |
La inseguridad nos hace insatisfechos. La duda es una constante en la vida y, aunque queramos ignorarla, nos domina. Esta inseguridad tiene semejanza con la actuación de un equilibrista, pero de un equilibrista inconsciente que se ve obligado a permanecer en la cuerda tensa sin haber asistido nunca a una escuela de circo. ¡Y qué vamos a hacer! Es nuestro sino, las exigencias para consolidar la certeza nos hacen inflexibles y eternamente desconfiados. Ser desconfiado es una opción libre. Creo -lo digo con profunda sinceridad- que mi ingenuidad -o quizá las ganas de concordia- me hacen salir de estas filas perfectamente lógicas. Recibí alborozada la posible tregua de ETA. Fue una ilusión iluminada que aún no sabemos de dónde vino, ni por qué se publicó. Yo quiero creerla y, como deseaba ese final, lo creí. Anhelaba brindar con mi primera copa de cava por esa paz -no anunciada oficialmente- pero con visos posibles de verdad.
Irlanda, nuestra querida Irlanda, está viviendo esa dualidad escabrosa de su gran paso en la historia del siglo XXI. El Ejercito Republicano Irlandés (IRA) ha abandonado las armas y ha destruido todos sus arsenales. Las pruebas para los no creyentes se han inutilizado. El grupo armado ha cumplido su promesa de paz -¡ójala nos ocurriera igual!-. El primer acuerdo de aquel feliz Viernes Santo de 1998 empezaba a ser una realidad. Podían comprar el champaña y meterlo en la nevera para que se enfriara. El comunicado del 28 de abril enmudeció a muchos agnósticos. Ya se lograba brindar con el delicioso espumoso. Pero… Siempre hay un pero que deshace el encanto. El desarme a un tipo de personas les desarma. Aquí sucedería lo mismo, ¿qué discurso pueden utilizar algunos políticos sin la existencia de los violentos? En Irlanda, el reverendo radical Ian Paisley no quiere creer en la buena voluntad del IRA. Quizá le molesta un final que nunca quiso ver anunciado y vivido. Pide pruebas, imágenes, absurdos tratos que más suenan a cambalaches que a conversaciones políticas. Paisley parece que quiere, como Hitler con los libros, ver una fogata en mitad de la ciudad con armas amontonadas.
- "¿Dónde están las pistolas?" - pregunta.
- "¡Devolver las metralletas!" -exige.
- "¡Queremos ver vuestros polvorines vacíos!" -reclama.
El líder del mayoritario Partido Democrático Unionista manifestó públicamente la falta de transparencia del informe de la Comisión Internacional de Desarme sobre la inutilización del arsenal del IRA. Además, denunció la ausencia de datos concretos sobre las armas decomisadas. Creo que algunos seres humanos sólo disfrutan viendo a sus semejantes con los pantalones caídos.
Parece que tiene que quedar la amargura de la duda. La desconfianza de que, por fin, ha terminado la incertidumbre. Siempre hay quien desea revolver en la porquería para repartir el aroma de muerte que había quedado lejos, en los campos de batalla de muchos edificios destruidos.
Dejar pasar, dejar vivir… es una consigna de difícil aceptación. El continuo inconformismo es como caminar siempre con el ceño fruncido por el mal genio. No sé a qué escuela debemos asistir los mayores para aprender a confiar en los seres humanos. La lealtad, desgraciadamente, es un don que se reparte gratis. No se puede ni comprar ni atrapar en el aire. Se nace receloso, como rubio o moreno. Y, ciertamente, la convivencia es una asignatura que es muy difícil de aprobar. |
|