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Buen papel si no se moja
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Robert Pastor
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Sostiene el autor que la ilusionante aprobación del Estatut catalán corre el riesgo de quedarse en papel mojado a su paso por las Cortes españolas
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Las dificultades que parecían insalvables no lo fueron, y Catalunya tiene ya su tercer proyecto de Estatut de la historia, después del republicano de Núria y el de Sau, segundo aprobado en la transición. Un buen texto, un buen papel, si las rebajas de Madrid, dentro o fuera de temporada, no lo convierten en papel mojado.
Para empezar, la declaración de principios del primer artículo, que define el territorio como nación, es el más contundente hasta ahora conocido dentro del Estado, y el que más rechazos ha suscitado de entrada en las filas del españolismo, incluidas las del PSOE. Aunque sea un obviedad desde el punto de vista científico y cultural.
Uno de los aspectos realmente básicos, y el segundo que más ha dificultado el consenso, es el modelo de financiación que se crea, el más parecido al concierto económico que se ha podido consensuar, a costa de renunciar al nombre. Algo que no pudo obtener la delegación del Principat encabezada por Miquel Roca, que negoció el acuerdo del 79.
El mismo Roca i Junyent explicaba, algún tiempo después un intríngulis hasta entonces desconocido para este periodista, sorprendido por la renuncia a un sistema, que el mismo ponente catalán calificaba (sólo en público, con la boca pequeña, y con el máximo ajuste a la "corrección política" de la época), de "antigualla". Con apariencia de sinceridad plena, el entonces líder destacado y supuesto delfín de Pujol, aseguraba que había pactado con Adolfo Suárez una serie de fórmulas matemáticas que daban un resultado ventajoso, en pesetas, sobre el que habría dado un concierto catalán aceptable en el Estado. Las fórmulas se las llevaron los vientos de fronda en la propia UCD, junto a Suárez mismo, y se quedaron en puro aire tras el 23-F, la LOAPA y el devenir de los tiempos.
Y cuando, después de horas y días, de cambios imaginativos en la redacción por parte y parte, se había llegado a sortear definitivamente el que parecía peor obstáculo, quedaba un último caballo de batalla, que podía haber dado al traste con todo el trabajo. La historia se repite y el tripartito de socialistas, radicales de izquierda y republicanos había impuesto el concepto cerrado de escuela laica para el sistema público de enseñanza en el territorio. Con la iglesia se topaba. Con el mismo obstáculo que, aseguran, resultó insalvable para el primer proyecto de Estatuto Vasco de la República, pero al revés, porque aquel elaborado por EAJ de hace más de setenta años era absolutamente confesional.
Unas frases añadidas, garantizando el derecho de los padres que lo deseen a la formación religiosa de los hijos, en cualquier sistema educativo, vino a hacer el milagro de Santa Rita, a la que invocaba horas antes Carod-Rovira, como abogada de los imposibles, para llevar el barco a buen puerto, con todos -salvo el inevitable PP- bogando en la misma dirección.
Los portavoces de los cuatro partidos representados aseguran que el texto "blinda" el sistema financiero, crea una Hacienda propia del Principat, un sistema judicial organizado y regido por un Consejo autónomo y con el Tribunal Superior de Catalunya como última instancia (algo de lo que se consideró absolutamente rechazable entre los contenidos del llamado Plan Ibarre-txe), también acoraza todas las competencias que pasan de "exclusivas" a "excluyentes" y "por encima de cualquier otra ley del Estado". Puestos a aproximar el nuevo pacto de Catalunya con España al pretendido para el Euskadi institucionalizado, se mencionan explícitamente los derechos históricos, y hasta se incluye una disposición adicional donde el "poble catalá" se reserva "todos los derechos que le pudieran corresponder". ¿Les suena?
Los del "no" a todo, fuera el inicio del debate -mediante la tradicional figura de la enmienda a la totalidad- a casi cada artículo del texto y, finalmente, a la redacción final, han quedado en 15 de entre los 135 representantes elegidos en el Principat. Naturalmente, son los del PP, los mismos que continúan lanzando el ruido de los petardos, o los recuerdos de algunas víctimas mortales, contra el resto de fuerzas políticas y gobiernos, sean de izquierdas, catalanes, o vascos. Hasta el extremo ridículo, provocador de vergüenza ajena, de asegurar que el nuevo proyecto de Estatut ha nacido bajo la influencia, si no la inspiración, de ETA. Y lo peor es que habrá muchos haciendo cola para comulgar con semejante rueda de molino, incluidos los que no creen en ella.
El president del Parlament, el republicano Benach, llevará en los próximos días el nuevo proyecto al Congreso de los Diputados en Madrid. Los llamados "populares" no han parado de avisar, durante el debate, que sólo se ha acabado la primera parte del proceso. Y que les esperan en la segunda, con el hacha, las tijeras, y hasta gasolina y encendedores. Otros no lo dicen, pero han preparado no ya duchas, sino mangueras a presión para convertir el papel pactado en papel mojado. Ojalá fuego, tijeras y agua se contrarresten o, en último caso, resulten inútiles contra la dureza de esta auténtica piedra de toque -también para futuros intentos en Euskal Herria- si mantiene en la Villa y Corte la cohesión de quienes en ella se han integrado. |
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