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Frank Schleck y Lorenzo Bernucci escoltan a Paolo Bettini en el podio del Gran Premio de Zurich. Efe |
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Bettini olvida Madrid
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"El Grillo" se exhibe para ganar el G. P. Zurich, en el que Di Luca se aseguró el ranking Pro Tour
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Unai Larrea Bilbao
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El gran premio de Zurich no es el Mundial, ni para Paolo Be-ttini ni para nadie. Además, él ya ganó la clásica suiza en 2001, mientras que la mundialista es, junto con el Giro de Lombardía, la única gran carrera de un día de cuantas están a su alcance (no cuentan París-Roubaix ni Tour de Flandes) que no luce en su palmarés. No obstante, la victoria de ayer en Zurich y, sobre todo, el modo en que la conquistó; permitieron a Paolo Bettini olvidar el tremendo disgusto que se llevó el pasado domingo en Madrid, donde demostró ser el corredor más fuerte de la carrera para no obtener más premio que un 13º puesto que le supo a cuerno quemado. Aquel día, Bettini descargó su rabia sobre los micrófonos y cuadernos de la prensa italiana. Cargó contra Alessandro Petacchi, por avisarle demasiado tarde de que no iba bien, y contra Franco Ballerini, el seleccionador transalpino, que quiso jugar dos cartas y se quedó sin baza.
Ayer, Bettini canalizó su ira sobre los pedales, y firmó una de las mejores victorias que se le recuerdan. Es cierto que su equipo, el Quick Step, resultó determinante. Ausente Tom Boonen, sometido esta semana a una operación estomacal prevista mucho antes de que se enfundara el maillot arco iris, Bettini partía con el cartel de gran favorito. Y no defraudó.
Todo ocurrió en los 50 kilómetros finales. A ese punto llegó en fuga un grupo de once corredores en que los Quick Step, tres (Verbrugghe, Sinkewitz y Moreni), eran mayoría. Tras ellos, un grupo de 30 unidades en el que viajaban, entre otros, Di Luca, Cunego, Bettini o Samuel Sánchez. Por sorpresa, atacaron del grupo perseguidor Bettini y su compañero Paolini, y ambos llegaron muy rápido hasta la cabeza de carrera. La jugada, aun evidente, era maestra: sus cuatro compañeros se emplearían a fondo hasta que Bettini, tan sobrado iba, decidiera entrar a matar. Lo hizo a 38 kilómetros de meta. Se fue solo, se le salió la cadena, le cazaron Miholjevic (Liquigas) y Bernucci (Fassa Bortolo), volvió a atacar, en un repecho, y volvió a meter tierra de por medio. Tan fuerte iba el italiano que a 25 kilómetros de meta su renta era de 1:49 sobre sus perseguidores, un rosario de minúsculos grupos. Bajo la lluvia, "El Grillo" se dio un baño de multitudes... y de oro, no mundialista, pero sí meritorio: la de ayer es su victoria número 50.
Triunfó Bettini y ganó Danilo di Luca (Liquigas), pues su cuarta plaza permitió al ganador de País Vasco, Amstel Gold Race, Flecha Valona y dos etapas en el Giro sumar los puntos necesarios para, a falta de dos carreras (París-Tours y Lombardía, que reparten 90 puntos), asegurarse de forma matemática su victoria en el ranking del Pro Tour (ni Boonen, convaleciente, ni Ullrich, que ya dio por finalizada su campaña, ni Armstrong, ya retirado, pueden cazarle ya). Di Luca llegó a meta con Samuel Sánchez (Euskaltel-Euskadi), quien firmó una brillante quinta plaza que, sumada a su sobresaliente papel en la Vuelta a España, le confirman definitivamente en la elite del ciclismo internacional. |
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