La prefectura de París decidió ayer, pese a la segunda noche consecutiva en la que disminuyó el número de vehículos incendiados, restringir la venta de carburante en la capital francesa para evitar riesgos de que pueda ser empleado para la fabricación de bombas incendiarias. Mientras Chirac prometió «intensificar» los esfuerzos en favor de los barrios «desheredados» después de que sea restablecido el orden público, la polémica se desató ayer tras adoptar el Ministerio de Interior la decisión de suspender a ocho policías por "violencias ilegales" contra un joven detenido en la ola de disturbios a las afueras la capital francesa.
La restricción en la venta de carburante, una medida que también está siendo aplicada en otras zonas del Estado galo, llega ahora a la capital parisina en forma de limitación de la venta de carburante a granel, aunque los ciudadanos sí podrán llenar los depósitos de sus vehículos. Con esta medida, los parisinos no podrán acudir a una gasolinera para llenar de combustible una botella o una lata, con lo cual las autoridades esperan dificultar la fabricación de artefactos incendiarios, por parte de los grupos que se dedican de prender fuego a vehículos durante la noche. La prefectura se apoya para esa decisión en la detención en los últimos días de personas que estaban en posesión de ese tipo de artefactos con carburante.
Es otra de las medidas que parecen estar ahogando paulatinamente la revuelta urbana, ya que tras casi dos semanas de violencia, la ola de incendios cometidos por jóvenes violentos disminuyó en la noche del miércoles al jueves, durante la cual 394 autos fueron incendiados, mientras que en la noche anterior habían ardido 558 vehículos. También disminuyó el número de detenciones, 169 personas, en comparación con las 204 que habían sido arrestadas la noche anterior.
Las autoridades describieron la situación como «muy tranquila» en Seine-Saint-Denis, lugar donde la Policía detuvo el pasado día 7 a un joven que días después presentaba lesiones cutáneas "superficiales" en la frente y en el pie derecho como consecuencia de los maltratos a los que fue sometido. Los hechos llevaron ayer al Ministerio de Interior a suspender a ocho policías, tras una investigación administrativa, ordenada por el propio Sarkozy en cuanto fue informado de los hechos, que ha mostrado que dos agentes habían asestado "golpes de forma ilegal" al detenido y que otros seis habían sido testigos.
El marcado descenso de la violencia, tras más de 6.000 automóviles incendiados, escuelas destruidas y guarderías devastados, ha venido acompañado de la opinión de los intelectuales del Estado francés, que se mantuvieron en silencio durante bastante tiempo. Pero ahora por fin pidió la palabra el filósofo André Glucksmann con una tesis provocadora: Los desmanes no son consecuencia de la marginación sino una señal de integración de los jóvenes vándalos.
«Se integran justamente a través del hecho de incendiar autos, e incluso quizá de prender fuego a la gente», sostuvo y continuó afirmando que «existe una típica integración francesa a través de la negación. Todos, todas las partes en Francia, los empresarios, los trabajadores, creen que se puede lograr algo mediante la violencia». Es decir, que en su opinión, los jóvenes se integran justamente a través de ese comportamiento. Además, señaló Glucksmann, en Francia se respira actualmente «una atmósfera nihilista», que está alcanzando los suburbios de las grandes ciudades. Otro filósofo, Bernard-Henri Lévy, es de la misma opinión que Glucksmann: «La energía negra es el odio puro. Un remolino nihilista de violencia, que no tiene sentido ni fin».
El movimiento se va a poder detener «sólo cuando los jóvenes lleguen al final de su embriaguez», añadió. A continuación, Lévy reclamó diálogo, pero aclaró que éste no puede expresar «odio y desconfianza» sino «igualdad, ciudadanía, consideración y respeto». |