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Más de 2.000 menores extranjeros no acompañados han sido acogidos en la CAV en los últimos diez años. Azua |
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Un nuevo menor extranjero ingresa al día en los centros de acogida de la CAV
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El Ararteko cuestiona el sistema y apuesta por aumentar plazas y diversificar recursos
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Aitziber Atxutegi Bilbao
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Coordinación Son necesarios criterios comunes entre instituciones para evitar flujos
Educación y Sanidad Hay que mejorar su acceso, hoy en día «insuficientes»
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Más de un menor extranjero no acompañado fue acogido cada día en la CAV el año pasado, 376 en total. Desde 1996, han pasado por los diferentes centros de alojamiento 2.118. Una realidad «relativamente reciente», en aumento y frente a la cual «nuestro sistema de protección está teniendo serias dificultades para poder ofrecer respuestas adecuadas». Lo dijo ayer el Ararteko, Iñigo Lamarca, quien cuestionó el sistema de acogida actual y apostó por aumentar y diversificar las plazas.
Insuficientes en capacidad, con una ubicación inadecuada y un mantenimiento escaso. Son algunas de las deficiencias que el informe del Ararteko ha detectado en estos centros, que son residencias prácticamente en todos los casos y en las que sólo se acogen menores inmigrantes. Su situación, «permanentemente desbordados», ha contribuido, en opinión de Lamarca, «a generar situaciones conflictivas más o menos graves».
El Ararteko presentó ayer en la comisión de Derechos Humanos el informe extraordinario sobre la situación de los menores no acompañados en la CAV, un fenómeno que la institución analiza por primera vez de forma aislada y no dentro de sus documentos anuales.
Iñigo Lamarca destacó las «limitaciones y condiciones» de los recursos residenciales destinados a estos menores, «especialmente en cuanto al número de plazas disponibles», pero también en lo que respecta a su ubicación, «alejada de recursos comunitarios»; su mantenimiento, «insuficiente para corregir desperfectos», la falta de locales para llevar a cabo diversas actividades, habitaciones muy pequeñas y servicios higiénicos insuficientes para todos.
Además, criticó que se haya optado, «prácticamente en todos los casos», por un modelo único: «centros específicos, de cierto tamaño, sólo para ellos», sin alternativas a las residencias, como el acogimiento familiar, impulsado para otros menores.
Por todo ello, considera «necesario» no sólo aumentar los recursos, «sino también diversificarlos», promoviendo unidades convivenciales pequeñas e integradas en entornos normalizados, centros u hogares mixtos entre extranjeros y autóctonos, acogimientos familiares y recursos en los que se puedan atender mejor necesidades ligadas a consumos de drogas o problemas de salud mental.
Iñigo Lamarca también subrayó la «falta de coordinación» y criterios comunes entre las instituciones, «que provoca flujos de menores de un lugar a otro en función de la respuesta que obtienen o que esperan obtener», y los «retrasos y dificultades en procedimientos que facilitaría su integración», como permisos de residencia o de trabajo, «un problema grave». En Araba, citó a modo de ejemplo, se tarda casi dos años en lograr un permiso de residencia.
El Ararteko también reclamó mejoras en el acceso a la educación y a la sanidad de estos menores, «insuficientes» en estos momentos y para la que se precisa «una mayor implicación». En este sentido, destacó que ninguno de los sistemas ha abordado la necesidad de incorporar «profesionales con otras competencias o perfiles», necesarios, por ejemplo, para aquéllos que no hablen castellano. |
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