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Conexión poligámica
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Iñaki González
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Es peligroso ahondar en el discurso argumental en estos tiempos en los que la simplicidad se convierte en principio y el dogma viene dado por un mensaje sin matices, directo, populista. Contra el populismo advertía ayer el presidente del BBVA, Francisco González, y sostenía que América Latina requiere de reformas y liberalización de sectores para evitar que ese modelo de discurso fácil no se imponga y, se supone, que un mejor reparto de la riqueza impida que una legión de desesperados y empobrecidos, de damnificados por el modelo social y económico, se echen en brazos de las soflamas. Estos días, cuando se nos pone en alerta de los estallidos sociales no podemos apartar la mirada de Francia. Y, curiosamente, en la cuna del modelo de ciudadanía y la sociedad civil como centro de la estructuración política y administrativa, el populismo, al menos en su versión simplificadora del mensaje, está presente. Puede estar en el sostenimiento de brote violento, difícil de apaciguar como lo fue de prever. Y puede estar también en ese mensaje tan directo que acaban de sostener el ministro de Trabajo, Gérard Larcher, el presidente del grupo parlamentario del gobernante UMP, Bernard Accoyer, o el del Movimiento para Francia, Philippe de Villiers: la poligamia está en el origen de los disturbios. Una aseveración que señala a los inmigrantes africanos y sus descendientes y alimenta, pretendiéndolo o no, el señalamiento étnico y religioso. Sorprendente conexión con el discurso reciente de Mariano Rajoy en el que acusaba al nuevo Estatut catalán de favorecer precisamente la poligamia. El populismo no es patrimonio exclusivo de la izquierda revolucionaria. |
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