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Baraja pierde el equilibrio tras la entrada de un jugador eslovaco. Efe |
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Villa deja su firma en la última escala hacia el Mundial
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La selección española estará en Alemania al superar con suficiencia el test eslovaco
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Iñaki Ugalde
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«El que vale, vale y el que no, a Alemania». El viejo dicho popular pierde todo su sentido en esta ocasión. Los términos, bajo la perspectiva futbolística, son justamente los contrarios. En la fase final del Mundial 2006, a celebrar en suelo germano, estará el que sabe.
La eliminatoria de repesca entre España y Eslovaquia quedó totalmente resuelta el pasado sábado en el Vicente Calderón. Aquella noche quedó muy clara la diferencia existente entre ambos combinados. Cierto es que el equipo de Luis Aragonés pasó por momentos de apuros tras el 2-1, pero tampoco se puede dejar de pasar por alto que antes del descanso la diferencia en el marcador podría haber sido mucho más amplia a favor de los entonces locales. Las quejas posteriores de los eslovacos vinieron a ser una especie de versión light del recurso del pataleo.
Uno de los tópicos vigentes en este deporte reza que «hasta que el árbitro no pite hay partido». Ayer en Eslovaquia tanto uno como otro bando, de poder, habrían pactado en el vestuario el empate final. La gesta se antojaba prácticamente imposible para la débil selección local. Los españoles, con todo a su favor, tampoco estaban por la labor de acumular un desgaste innecesario.
Noche libre
El partido bajo tal perspectiva resultó un mero trámite. Los locales, como era su deber, amagaron en determinadas fases del encuentro y los visitantes, también ajustándose a su obligación, se dedicaron a mantener el tipo y dejar correr los minutos. El fútbol, en semejante coyuntura, se tomó la noche libre.
Eslovaquia trató de calentar el ambiente nada más arrancar el segundo tiempo con un gol en uno de los numerosos errores de ajuste de la zaga española. Morientes y Villa salieron poco después del banquillo para dejar las cosas en su sitio. |
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