Todo el mundo se está acordando de la época franquista en el trigésimo aniversario de su caída. Sólo nos falta que los tertulianos de “TNT” (Tele5) se atrevan a comunicar con él con la dichosa ouija y tambalee el Valle de los Caídos. Franco inauguraba pantanos, como bien recordó ayer Arguiñano, y ahora se inauguran trenes de alta velocidad. A Mussolini también le encantaba dejar su sello en las estaciones de trenes, como en la fastuosa “Centrale Stazione” de Milán, una de las obras más emblemáticas de la arquitectura del siglo XX. No todas las dictaduras son iguales, y la estela del dictador del Ferrol pervive en la sociedad de la tecnología. Puede que todo esto tenga (mínimamente) que ver con el miedo a la globalización, en la sociedad autárquica de antaño todo era gris y controlable, sin asomo al mestizaje y la diversidad, la riqueza de nuestros días. NIÑATOS
Por una vez seguí con interés los reportajes alarmistas y mediocres de Mercedes Milá. No tuvo que utilizar cámaras ocultas para grabar a los líderes nostálgicos del franquismo.
Desgraciadamente hay mucho niñato suelto que se manifiesta públicamente recordando la figura del padre del régimen fascista. Niñatos vestidos con ropa de marca perfectamente reconocibles, cabezas rapadas, y alzacuellos huérfanos de un líder terrenal que les hacía caso.
El trabajo de “Diario de...” presentado por Milá entrevistó a una serie de personajes que reconocieron con suma sinceridad su papel en esta vida: Haro Tecglen, Carrillo, Ynestrillas, menores franquistas, militantes de base,... ¿Tanto han cambiado las cosas? ¿los discursos? Menos mal que existe el blanco y negro. Da pena que los padres de algunos niñatos no sepan que sus hijos de 14 ó 16 años están siendo adoctrinados por adultos perversos. «Sed discretos», les aconsejaban. Vascos, ¿Franco ha muerto?