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los legisladores estadounidenses parecen haber sido sensibles a los escandalosos beneficios que están presentando las grandes compañías petroleras "yankees". En un momento en el que el precio de la gasolina para el ciudadano de a pie se ha disparado en el gigante del otro lado del Océano Atlántico a precios nunca vistos, el conjunto de estas empresas declaraban estar ganando 33.000 millones de dólares, sólo en el tercer trimestre del año, lo que representa un aumento de casi el 60% sobre los tres meses anteriores. El detonante para sacar de su letargo a los senadores puede situarse en la publicación que realizaba el diario Washington Post el pasado miércoles. En su información este rotativo desvelaba que en 2001 se produjeron encuentros entre la oficina del vicepresidente Cheney y los representantes de las grandes petroleras para establecer una política energética a medio plazo. Sea esta la razón o, sencillamente, si se trata de un ataque de cordura, lo cierto es que la bancada demócrata propuso en el Senado la instauración de un impuesto (windfall tax). La extracción, según la propuesta demócrata, debería representar el 50% de todo el margen que supere los 40 dólares por barril. Es decir, que en los precios actuales, 57 dólares barril, tendrían que ingresar a las arcas federales 8,5 dólares, y esto durante los tres próximos años. Los senadores republicanos habían propuesto, el próximo miércoles imponer a los petroleros un impuesto, extraordinario y único, de 5.000 millones de dólares, que resulta un poco risible a la vista de los ingentes beneficios que obtienen sólo en un trimestre. En cualquier caso la polémica sobre el enorme beneficio de algunos está servida, ha saltado a las cámaras norteamericanas y los locales lo enmarcan como un nuevo revés a las estrategias definidas desde la Casa Blanca. |