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El Teatro Campos se encuentra en un estado de conservación bastante bueno a pesar del aspecto que ofrece, debido fundamentalmente a las catas realizadas para comprobar su cimentación y conservación. Ángel Ruiz de Azua |
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El Teatro Campos afronta en enero la última fase de restauración, que durará hasta mediados de 2008
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Olga Sáez Bilbao
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SE TARDÓ POCO más de un año en construir y serán casi cuatro los que cueste restaurarlo. El Teatro Campos se está sometiendo a un proceso de restauración integral después de una década cerrado. La primera fase de las obras acabará en diciembre. Se han rehabilitado las taquillas, servicios y accesos. Ahora queda lo fundamental, el teatro propiamente dicho.
En enero, una vez adjudicado el concurso de restauradores, comenzará la restauración científica, que se prolongará durante 30 meses. La SGAE prevé una inauguración por todo lo alto, una ceremonia que dé idea de lo que ha representado este teatro, inaugurado en 1901, para Bilbao. Las obras, que costarán 15 millones de euros, marchan a buen ritmo, según reconoce Blanca Brea, arquitecta municipal del área de Obras y Servicios que sigue puntualmente su transcurso.
En el interior es fácil abstraerse. Su aspecto es mejor, arquitectónicamente, que el que representa. No en vano, en 1994 el teatro fue sometido a una primera restauración en la que Jesús Aldama dirigió las obras de consolidación estructural, tanto en la cubierta como en la fachada.
‘‘La bombonera’’, que así se le llamaba, huele todavía a cine antiguo, a teatro de los años 30, pero también a cerrado. A pesar de las catas que ya han realizado los arquitectos para comprobar su estado de conservación y cimentación y que le dan un aire decadente, no resulta difícil situarse en medio de un estreno como aquel 1 de agosto cuando la empresa del teatro de los Campos Elíseos improvisó un baile de sociedad con el fin de obsequiar a sus abonados.
«Imposible formar una lista de las señoritas y señoras que vimos en la sala. Citaremos algunas de las que recordamos: Urigüen, Barandiarán, Alzola, Urresti, Yhon, Goyarrola, Arana, Moyá, Laiseca, Idígoras...»
"El Noticiero Bilbaino" recogía la crónica social de la época con todo lujo de detalles: "El salón-vestíbulo fue convertido en buffet y principalmente en el descanso se vio muy animado".
De aquellas crónicas no sólo queda el poso de lo que ha sido después uno de los teatros más queridos por los bilbainos, sino que han quedado reflejados algunos detalles arquitectónicos, gracias a los cuales se podrá restaurar con fiabilidad el interior del edificio. Por la crónica del "Imparcial" sabemos, por ejemplo, que el color original era verde. «La sala es muy elegante, coquetona, domina el oro, el color perla y sobre todo el verde. De este color son los asientos de las butacas y las cortinas».
La reforma que se está llevando a cabo en estos momentos, y que concluirá en una primera fase en diciembre, se ha acometido principalmente en un lateral. Tras el acuerdo alcanzado con la SGAE la restauración del edificio debía llevar implícito su adecuación para una oferta más variada: no sólo espectáculos sino también producciones. Cuando se reinaugure dentro de 30 meses, será ya mediados de 2008. El acceso lateral izquierdo dará paso a las taquillas desde donde se accederá a su vez al hall de acceso, a los aseos y ascensores.
La arquitecta municipal reconoce que el análisis fue muy bueno, pero en toda rehabilitación siempre surgen sorpresas. En el Campos también las ha habido. Han descubierto que la estructura del teatro es de acero. Estaba cubierta de yeso y éste ha terminado por oxidar la estructura metálica. Brea explica que era como se hacían entonces los edificios. «Fueron los alemanes los que descubrieron la soldadura para hacerlo más económico».
En esta primera fase aunque prácticamente se ha hecho la parte nueva quedan al descubierto las vidrieras originales.
Pero el grueso de la obra se inicia en enero. En este momento, el escenario y el aforo están prácticamente levantados aunque los palcos se mantienen en muy buen estado de conservación. Se va a construir un sótano central, en el que quedarán ocultas las butacas, «las sillas se van a escamotear». Antiguamente se desmontaban y se elevaba el escenario cuando quería utilizarse como baile. Este nuevo sistema permitirá igualmente disponer del aforo del teatro para otro de tipo de producciones en las que sea necesario utilizar un espacio mayor al del escenario. En el sótano se colocará también un algibe con agua para protección de incendios. Las nuevas medidas de seguridad que contemplan las normas actuales y de las que carecía el teatro en su estado original son algunos de los trabajos más complicados de adaptar a un edificio centenario.
Historia de Bilbao
Porque el Campos es parte de la historia de esta ciudad y sus vecinos. «Tiene también gratos recuerdos para los actores porque al ser más pequeño favorece el contacto con su público».
Al principio tuvo una superficie mayor pero fue vendiéndose por lo que el edificio «no es más de lo que se ve». Tanto es así que el Ayuntamiento sondeó a propietarios colindantes para poder ampliar lo que será el Centro de Artes Escénicas de Bilbao, sin que tuviera éxito. Por suerte, sí se ha podido adquirir una lonja contigua al escenario, de 500 metros , que pertenecía a la Asociación de Danza.
Para ganar espacio, arriba se está habilitando una planta administrativa para gestión y también como sala docente con capacidad para al menos 200 alumnos. Pero, la esencia del teatro se va a mantener.. Alberto Acebal y J ean Batista Darroquy hicieron un edificio de estilo modernista continental en el que se resaltaban figuras de elefantes, erizos de mar... La restauración será científica. Porque el Campos, además de ser un edificio emblemático para Bilbao, es también un edificio de interés cultural. Las balaustradas tan abigarradas se han desmontado, al igual que ocurrirá con los palcos para ser restaurados.
Todavía no se ha pensado en el color que se le dará. Ahora mantiene un granate, pero en su día fue verde. De las cortinas y otros elementos se sabe también por los recortes de la época. Decía el "Imparcial": «El telón es muy artístico y honra al pincel del afanado escenógrafo señor Muriel. En el centro de la embocadura se va a Talía y en la parte superior el escudo de Bilbao. Debajo de las iniciales T .C. E. A los lados se ven representaciones de la Declamación y de la Música. La cortina es de tonos generales verdes, en vez de los rojos que se usan. En el fondo se ven las Artes, figuras delicadas y de gran efecto en el edificio».
Una vez restaurado el edificio quedará a ras de los inmuebles vecinos de la zona. Aunque se verá un pequeño muro cortina, no se le hará sombra a la fachada. Su restauración le va a permitir otros usos pero lo cierto es, según expresa la arquitecta Blanca Brea, que «nunca hay una rehabilitación con cambio de uso mejor que su propio uso».
Labein hizo un estudio de su estado de conservación y, según aquel diagnóstico, se están realizando los trabajos. En esta primera fase construcciones Olabarri S. L. Brea confiesa que «es un trabajo bonito pero muy duro». Ha pasado muchas horas en este espacio. Ha entrado muchas noches a oscuras cuando «a uno le le viene sin querer el recuerdo del ‘‘Fantasma de la ópera’’».
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| Blanca Brea, al lado de la estructura original del teatro, de acero.Azua |
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