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En el centro, un anciano Ingmar Bergman sonríe, a la izquierda su compañera Liv Ullman. Efe |
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Ingmar Bergman, la despedida de un coloso
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Tras veinte años de silencio cinematográfico, la película que hoy se estrena supone el adiós definitivo del octogenario genio escandinavo
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Aitor Aspuru Bilbao
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Dos décadas sin saber de él en la gran pantalla. Veinte años en los que sus huérfanos adeptos se han dedicado a escarbar en una nutrida filmografía para aliviar el sentimiento de nostalgia e indigencia. Pero toda tragedia, para bien o para mal, posee un final.
Allá por el 2003, ecos de una nueva esperanza invadían a los ansiosos seguidores del singular universo de Ingmar Bergman. Las noticias hablaban de un telefilme que el director escandinavo había rodado. El título de esta creación era "Saraband". Tras esta alegre nueva, un período de incertidumbre y rumores sin confirmar. Al parecer, el cineasta había perpetrado su última obra en el más novedoso formato digital, hecho que iba a propiciar que la película prescindiese de su paso por la gran pantalla y acabase directamente en el mercado del DVD. No obstante, los cines vascos reciben hoy mismo su última aportación al mundo fílmico. A sus 87 años, 85 cuando la estrenó, Ingmar Bergman no renuncia a relatar en "Saraband" una de sus obsesiones, el cruel campo de batalla en el que se puede convertir la familia. Para ello, rescata a los protagonistas de "Escenas de un matrimonio" y los coloca en un reencuentro que se da 30 años después. Ella, interpretada por Liv Ullman, es testigo del deterioro físico de su antiguo marido, aquejado de Parkinson, así como de los descarnados enfrentamientos que sostiene con su hijo, quien parece desear la muerte de su progenitor.
No es de extrañar esta fijación en Bergman si se tiene en cuenta que sus memorias (editadas con el nombre de "La linterna mágica"), dejaban constancia de lo mal padre que había sido para una prole que en su mayoría no le dirigía la palabra. A este rol como desastroso educador no ayudaron sus continuos y persistentes escarceos amorosos. Unas hazañas emocionales a las que no puso fin hasta que conoció a Liv Ullman, su compañera y musa (no en vano ha aparecido en buena parte de sus películas, "Persona" o "Cara a cara" por poner dos ejemplos).
Igualmente exitoso en su carrera como escritor, guionista, director y productor de teatro (su mayor pasión), radio y televisión, Bergman no solo ha sido galardonado con tres Óscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa, sino que también ha sido uno de los artistas más influyentes, creativos y desconcertantes del séptimo arte. Para algunos, el más quirúrgico de los narradores de dramas familiares burgueses, para otros, mucho más, un existencialista que se ha servido de Shakespeare, Strindberg, la iconografía cristiana y una impactante fotografía, entre otras cosas, para clavar a los espectadores a las butacas. Ahora solo resta juzgar si su despedida queda a la altura de una filmografía con joyas tales como "El séptimo sello" o "Un verano con Mónica". |
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