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Retos para la empresa
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Iñaki González
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NO son malos los índices económicos en la CAV. En la coyuntura del entorno, dan para estar medianamente satisfechos y medianamente alertas. No dan, eso no, para dormirse en los laureles porque tampoco son tantos como para aportar un sustento mullido. Tanto es así que los empresarios vascos vienen planteándose la necesidad de un cambio en sus modelos de producción y de organización interna. Un nuevo modelo que pasa por aprender de experiencias que ya están en vigor fuera de aquí. Un empresario vasco me comentaba esta semana que, puestos a establecer prioridades, la de la pacificación es, también con la expectativa de un mejor clima económico, la número uno. Pero, mientras llega, hay un reto de competitividad en el motor último de este país que, me insistía, sigue siendo industrial. Me habló de automoción y de cuál puede ser la fórmula mágica para que la ecuación contra natura sea posible: costes salariales altos y a la vez valor añadido y precios competitivos. El milagro, me revelaba, se llama Toyota. Su intuición sobre la fórmula maravillosa apunta a un pacto de compromiso entre empresa y trabajadores. Algo que, en el ambiente de conflictividad que hasta la fecha se había mantenido resulta muy difícil de imaginar aquí. Se pueden gestionar muy bien las empresas y crear valor añadido, como demuestra la experiencia reciente de cómo una siderúrgica vasca privatizada puede ser plato goloso para una gran multinacional en sólo diez años. Pero en adelante hará falta además el compromiso de continuidad e implicación de empresario y empleados. Y, me confesaba mi interlocutor, también se podrá hablar luego de dónde van y quién participa de los beneficios. Me sonó bien. |
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