Es tanta el ansia de paz de la ciudadanía vasca que sólo este hecho puede explicar que cualquier rumor en torno a una posible tregua o cese de la actividad terrorista por parte de ETA levante una enorme expectación, los medios se hagan eco elevándolo al rango de noticia, y que todos los mentideros que se precien se llenen de las "últimas novedades" llegadas desde el otro lado, desde el lado oscuro. Así es la sociedad de la desinformación y de la leyenda urbana. Y no se trata aquí de aguarle la fiesta a nadie, ni de cortocircuitar las más que merecidas esperanzas que tiene la ciudadanía vasca de que esta vez, por fin, termine por ser verdad y estemos a las puertas de una noticia que llevamos esperando tres décadas. Se trata de todo lo contrario. ETA, desde los tiempos de Lizarra, sólo tiene un debate sobre la mesa: cuándo y cómo deciden el cese definitivo de una lucha extemporánea. Y esto nos lo han de reconocer incluso los apóstoles de la tregua-trampa. A este dato podemos añadir otros elementos objetivos que hacen pensar, efectivamente, en una buena noticia en el corto-medio plazo: el impacto del terrorismo islamista y la percepción internacional que de ello se deriva, la experiencia irlandesa que deja a ETA como último reducto terrorista europeo, el agotamiento y fracaso de las vías policiales e incluso parapoliciales; la debilidad de ETA; el clamor social contra la violencia que ningún partido político es capaz de patrimonializar por mucho que se haya intentado desde el frente de la firmeza a base de negar la enorme y feliz pluralidad de la sociedad vasca, y el fracaso de la estrategia de llevar a Mayor Oreja hasta Ajuria-Enea con el apoyo del socialismo vasco. Más datos para la esperanza: un sector de ETA -el que en su día apostó por Lizarra en muy precarias condiciones- al que el tiempo le está dando la razón; una izquierda abertzale -la de Anoeta- abocada a reaccionar o disolverse en la indiferencia de sus propios errores; un Gobierno socialista, todavía más pendiente de las encuestas que de resolver los problemas, pero con dos experiencias que en toda justicia puede reivindicar como propias: la de González y la de Aznar. Dos fracasos estrepitosos. Todavía más: la firme voluntad del Gobierno vasco y las fuerzas que lo sustentan para dejar la salida técnica en manos de ETA y del Gobierno Zapatero, pero a la vez para no renunciar a su propia responsabilidad, es decir, para liderar la salida al conflicto de la normalización política desde claves democráticas y con la sociedad vasca como árbitro final de la situación. Pero hay todavía escollos en el camino: víctimas, presos, exiliados, causas judiciales justamente pendientes, sumarios disparatados y trasnochados, ilegalizaciones que cuestionan el sistema democrático en su conjunto, competencia electoral PSOE-PP, numantismo en sectores de ETA que no quieren que esto aparezca como una rendición y que pueden darnos todavía algún disgusto serio… En fin, todo era previsible… o casi todo. Porque en estos momentos la sociedad vasca tiene más razón que nunca en exigirnos a los políticos, sobre todo a aquellos que decimos apostar por una salida dialogada, un mínimo de seriedad y un poco de responsabilidad, es decir, lo que se conoce como "altura de miras". Porque especular hasta el punto de decir que ETA ya ha tomado la decisión de abandonar la lucha armada y quedarse tan anchos no es de recibo. Sabemos que se dice con el interés inmediato de ocupar un titular, pero preguntamos desde Ezker Batua/Berdeak, no sin preocupación: ¿a qué peligrosa provocación juegan algunos?
Mikel Arana es portavoz de la Presidencia de EB-Berdeak |