EL ESCRITOR Ramiro Pinilla, Premio Euskadi de Literatura 2005 en castellano por ‘‘Verdes valles, colinas rojas. La tierra convulsa’’ (Tusquets), recorrió ayer con la prensa los lugares de Getxo donde ubica su vasta trilogía sobre el enfrentamiento de dos familias vascas desde el último tercio del siglo XIX hasta nuestros días. «Esta historia se hinchó en mis manos», aseguró.
‘‘Las cenizas del hierro’’, el tercer volumen de la trilogía de Pinilla, ha sido escrito, como sus hermanos mayores, en su apartada casa de la localidad vizcaina de Getxo, rodeado de hierba, frente a una ventana cuyos reflejos «me causan molestias» y sobre una antigua mesa de madera. «Y con bolígrafo», aseguró a DEIA Pinilla, que mantiene «arrestado» en un rincón a un viejo ordenador.
Doscientas fichas
El veterano escritor mostró ayer a la prensa su lugar de trabajo, viejas fotografías, las más de 250 fichas de los personajes que pueblan su obra y viejos libros, deseos y aficiones. Y su amor por Getxo, localidad en la que ambienta su trilogía, una especie de fresco histórico de Euskadi en el último siglo, y con la que guardaba «una fijación infantil» desde que veraneaba en ella en su niñez. «Me vine a Getxo con 33 años y compré una campa por 44.000 pesetas, que se ha convertido en esta finca».
Getxo, sus nombres, personajes y lugares, se adueñan de las casi 2.200 páginas de la trilogía de Pinilla, que, como dato curioso, pesa 3,5 kilogramos, ocupa 12 centímetros sumados sus lomos y ha costado más de dos décadas de trabajo. «La idea que flota en los libros es universal, podría haber ocurrido en Australia, aunque guarda los modos de Getxo. Soy de aquí y conozco los personajes, por eso está ambientada aquí», explicó a este diario antes de dejar clara su postura ante determinados mitos. «Algunos me dicen que ahora sí soy de los suyos. No es verdad. Si hablo de lo vasco en las novelas y ensalzo sus mitos, especialmente los nacionalistas, es para ridiculizarlos», aseguró. Para apostillar su postura, recordó el escrito de un cura del siglo XIX en el que aseguraba que el paraíso terrenal estuvo en Bizkaia y que la lengua de Adán y Eva fue el euskera. «Yo he ido más allá al situar en la trilogía el origen de la vida en la playa de Arrigunaga, en Getxo. Si quieren mitos, se los voy a dar», apostilló.
Nostalgia y arrepentimiento
Pinilla recordó su juventud y madurez, que osciló entre sus dos trabajos diarios en Bilbao -en la Fábrica de Gas y en la Editorial Fehre- y su labor en la huerta de su casa.
«Hoy me arrepiento de no haber ido con la familia, mi esposa y mis tres hijos, a la playa los domingos», rememoró nostálgico. Esa ardua labor le permitió arrebatar el Premio Nadal al hijo de Torrente Ballester con ‘‘Las ciegas hormigas’’. «Escribía con callos en las manos, fruto del trabajo», aseguró este enamorado de la literatura estadounidense, especialmente de su admirado Faulkner y de Henry David Thoreau - «un espíritu libre, como yo»- cuyo libro ‘‘Walden’’, dio nombre a su casa.
«Yo concibo la vida de forma horizontal, como un río que discurre lentamente. Así me salió la novela, en la que he trabajado desde hace 20 años, cuando me quedé libre en esta casa», concluyó. |