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La actriz Naomi Watts junto al "King Kong" utilizado por Jackson, una actualización en el nuevo siglo de la humilde criatura homónima que firmaron M. C. Cooper y E. Schoedsack en 1933. Archivo |
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Nos quieren revender a "King Kong"
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Una producción de 170 millones de euros acompañada de una campaña de publicidad de más de 35 millones de euros la convierten en un gigante ¿con pies de barro?
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José Luis Hurtado
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Vaya por delante que soy de los que piensa que los "remakes", salvo contadas excepciones, nunca superan al original. Viene esto a cuento del reciente estreno mundial de la película "King Kong". La memoria me retrotrae al original y me dice que se trata de un gran film (de 1933) con una gran capacidad de sugerencia además de ser capaz de convertir las imágenes en poesía. Años después, la agresiva mercadotecnia del imperio fílmico estadounidense trata de vendernos de nuevo la misma historia con un envoltorio de hipermodernidad. Y no. Por mucho que esté dirigida por Peter Jackson (al que no puedo por menos que alabar su trilogía de "El señor de los Anillos"), que haya sido producida con un presupuesto de 200 millones de dólares y que haya sido estrenada en 10.000 pantallas en todo el mundo no hace sino levantar todo tipo de muros preventivos respecto a esta nueva versión de la historia del gigantesco simio. A todo esto hay que añadir una espectacular campaña publicitaria capaz de desanimar al más voraz cinéfilo. Más de 35 millones de euros sólo para convencernos de las bondades de esta película en la que, según dicen, podremos ver siete metros de músculos pilosos con la cara de Copito de Nieve. Tampoco anima la voracidad del imperio por redefinir a un auténtico mito del siglo XX. En fin, supongo que saldré de dudas después de verla. |
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