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LAS ELECCIONES BOLIVIANAS han pasado factura a Repsol, que ya veía cómo la cotización de sus acciones bajaba un 2,31%. Los inversores han considerado que el 1,4% del resultado total operativo de la petrolera que aparece vinculado con la exploración y extracción del país andino se verá comprometidos con la llegada de Evo Morales al sillón presidencial en La Paz. Cuando apenas hay escrutado un 8% del recuento oficial de los votos, los resultados dan vencedor al líder cocalero, con un 45% de las papeletas escrutadas. Su adversario político, el centrista Jorge Quiroga, emitió un mensaje de felicitación que más bien sonaba a una llamada a la tranquilidad ante la crispada sociedad boliviana. Si Morales consigue al final, queda todavía un largo proceso legal, llegar al despacho presidencial, probablemente habrá que revisar algunas cosas en Bolivia, más de las que algunos desearían, pero probablemente menos de las que muchos vaticinan. A pesar de sus invectivas electorales, Evo Morales no puede olvidar que su país difícilmente saldrá adelante sin la explotación de los yacimientos de gas, y para eso necesita el concurso de las grandes multinacionales. En este sentido, Repsol es un ejemplo: ya ha invertido 800 millones de dólares y ha pagado más de 500 en impuestos. Es decir, está invirtiendo y aportando tecnología, además de engordar las exhaustas arcas públicas bolivianas. Esta conjunción difícilmente puede soslayarse por quien encabece el Gobierno de La Paz. Otra cosa es que Bolivia es un país partido en dos mitades geográficas, económicas y raciales. El Altiplano, donde se enclava la capital administrativa La Paz, es un territorio inhóspito y poblado mayoritariamente por descendientes de los indígenas originarios. Santa Cruz de la Sierra, donde se localizan los yacimientos de gas, tiene una climatología subtropical y está dominado por la raza blanca y los criollos. Tiene pendiente una antigua reivindicación autonómica y es el más poblado. |