Comparados con el veneno vertido sobre la madre tierra en estos tiempos modernos -y con más saña, si cabe, alguna que otra multinacional...- los Borgia son meros aprendices en el arte de la cicuta y el curare. Frente al desenfreno del siglo XX y lo que se lleva andado de éste, ‘‘Estrategia Empresarial’’ presentó ayer en el Museo de Bellas Artes de Bilbao la guía de desarrollo sostenible, una cartografía que detalla como crecer sin romper los hilos que nos cosen con la naturaleza. Explicó al pormenor la obra José Ignacio Arrieta, con tal profusión de detalles en su defensa del medio ambiente, que Esther Larrañaga, consejera de tierras, mares y aires (de Medio Ambiente, por decirlo a la manera clásica... le insinuó si no estaba en busca de su cartera. Fue la nota amable de una tarde que se prolongó con una visita guiada para aquellos invitados que decidieron deleitarse con el British Pop.
Sonaron, ya digo, las campanas de alerta y las escucharon gente de peso, desde el lehendakari José Antonio Ardanza al notario José María Arriola, pasando por Txomin Bereziartua, presidente de honor de la Fundación Novia Salcedo, el director de ‘‘Estrategia Empresarial’’, Roberto Urkiza, el concejal Ricardo Barkala, el director general de Lan Ekintza, Marcos Muro, Pedro Barreiro, gerente del Consorcio de Aguas, José Mari Losa, Juan José Aurtenetxea, Pilar Maura, Pedro Murua, Manu Ordorika, José María Etxarri y Ángel María Jiménez de Rezola, Roberto Otxandio, de Inmogroup, José Luis Grijalbo, José Manuel Sánchez, José Peli Basozabal, Andrés Población, Kepa Rekakoetxea, Iban Endaya de DEIA, Miren Lur Bilbao, Jesús Egido, quien vaticinó catástrofes industriales para 2008, cuando caiga el peso de las leyes medioambientales, Pedro Mari Gómez, Maite Etxebarria, Mari Luz Orcajada, José Jaenada, Alberto Zulaika, Garbiñe Atxalandabaso, Gonzalo Garmendia, Sabin Arrieta, Juan Carlos Urrutxurtu, Ignacio Altuna, Joseba Mendizabal, Carlos Mendia y un buen número de invitados que oyeron al detalle la voz de alarma y las soluciones posibles para crecer sin romper la cuerda. |