EL gobernador del Banco de Italia, Antonio Fazio, ha dimitido de su cargo por su presunta implicación en una operación para obstaculizar la adquisición de bancos italianos por parte de bancos extranjeros, informó ayer un portavoz del Banco de Italia.
La dimisión del gobernador del Banco de Italia, Antonio Fazio, presionado en los últimos días por el Gobierno italiano que encabeza Berlusconi, inaugura un nuevo escenario en el complejo sector bancario transalpino, en el que el BBVA podría volver a tener oportunidades si se frustra la OPA italiana de Unipol sobre BNL.
Aunque el BBVA y el resto del sector en España guarda oficialmente silencio, los grandes bancos europeos -no sólo los españoles- parecen respirar aliviados con la dimisión de Fazio, ya que se elimina un importante escollo a cualquier pretensión de entrar en la banca italiana.
El cambio de un gobernador no debería tener mayor importancia -si se estuviera hablando de cualquier otro país europeo-, pero en este caso la tiene porque Fazio se ha distinguido por defender a ultranza la italianidad de la banca de ese país, aunque para conseguirlo se haya saltado las normas de una economía abierta como debiera ser la europea.
Sus malas prácticas se pusieron de manifiesto en los intentos de compra de BNL por BBVA y de Antonveneta por ABN Amro, aunque en este último caso, y tras una dura guerra, los holandeses parecen haber conseguido vía libre para su operación.
En el otro caso el escenario es bien diferente, dado que, tras la retirada del BBVA de su pugna por la BNL, Unipol mantiene en su poder más de la mitad del accionariado del banco romano y tiene una OPA en marcha que ya ha conseguido varias autorizaciones y sólo precisa un último visto bueno del Banco de Italia.
En caso de que Unipol consiga esta autorización, el BBVA venderá el 14,75% del capital de la BNL y obtendrá unas suculentas plusvalías de al menos 520 millones de euros. Aquí acabaría con su "sueño de verano" italiano.
Aunque, por otro lado, también existe la posibilidad de que el Banco de Italia, con un nuevo gobernador al frente, no autorice esta operación si considera que Unipol no tiene los suficientes recursos financieros para acometer con garantías esta operación.
En ese caso podría llegarse a la estrambótica situación de que Unipol tuviera que devolver al contrapacto la participación de más del 20% que le compró, con lo que el BBVA estaría casi en el principio, con su 14,75 % y con el control del banco romano.
Claro que también puede darse la posibilidad de que Unipol venda toda su participación a otra entidad -incluido el BBVA- y sea ésta la que tenga que lanzar la OPA obligatoria. Ante tantas opciones, en estos momentos el banco presidido por Francisco González no se meterá en el berenjenal de una contra-OPA mientras Unipol o cualquier otra entidad posea más del 50% de la entidad italiana. |