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Revolución a la boliviana
LA CONTUNDENTE victoria electoral por mayoría absoluta, según todas las proyecciones, de Evo Morales puede tener -además de la revolución política interna que supone para Bolivia- importantes repercusiones a escala internacional. El triunfo incontestable del líder indígena evidencia, en primer lugar, el rechazo de los ciudadanos bolivianos a los tres partidos tradicionales que desde 1982 se alternaron o compartieron el poder en lo que se denominó la democracia pactada. Los votantes expresaron en las urnas su deseo de cambio radical, la necesidad de transformaciones profundas que sienten las bases de la recuperación de un país hundido en la miseria más absoluta. Una necesaria reacción que las obsoletas organizaciones políticas que se sucedieron en el Gobierno fueron incapaces de activar.
EL NUEVO PRESIDENTE desarrollará una política de marcado carácter populista e izquierdista, coherente con su dilatada trayectoria como sindicalista y dirigente de los movimientos indígenas y con el programa con el que acudió a los comicios y que le propició el amplio respaldo del electorado. Unos planteamientos en línea, pero más radical en muchos aspectos, con los de Lula y Chávez. Morales entiende, y así lo reiteró nada más conocer su éxito, que la insostenible situación social y económica del país exige medidas tan drásticas como la nacionalización de los recursos naturales como el petróleo y el gas, controlados por las multinacionales. UNA ESTRATEGIA beligerante con el neoliberalismo impuesto en todo el mundo por los países más ricos y que tan nefastos y dramáticos efectos provoca en los países menos desarrollados. Los patrocinadores de ese injusto capitalismo feroz, con Estados Unidos a la cabeza, tienen motivos de preocupación con la llegada al Gobierno boliviano del líder de los cocaleros; ya que la previsible unión de fuerzas con los vecinos de Brasil, Venezuela y Cuba constituirá un área de contestación a las vigentes directrices internacionales realmente importante y asentada sobre bases democráticas que, además, puede servir de modelo para otros países sudamericanos. Pero Evo Morales deberá superar fuertes presiones internas y externas para poner en práctica su discurso radical y no parece descabellado suponer que, en aras de un pragmatismo imprescindible para la reactivación económica, acomodará la aplicación del mismo, como hizo Lula, a unos ritmos que no desaten la susceptibilidad de poderosos agentes desestabilizadores, ahora ocupados en Irak. En cualquier caso, su triunfo electoral marca un hito histórico.
Optimismo pese a la sinrazón
SORPRENDENTEMENTE, la persistencia de ETA en sus atentados y en su impresentable campaña de extorsión contra los empresarios no consigue frenar el optimismo de destacados políticos vascos, que últimamente proclaman alborozados el inmediato advenimiento de la pacificación a Euskadi. Egibar y Patxi López se unieron ayer al coro de los que anuncian que tan buena nueva se producirá el próximo año. Aunque pequen de optimismo, resulta consolador el que legítimos representantes de la voluntad popular manifiesten su convencimiento en la posibilidad de normalización, por encima de la sinrazón de la violencia de quienes no representan a nadie. |
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