 |
|
|
 |
Pedro Galarza realiza unos estiramientos delante de casa antes de empezar un entrenamiento. Zigor Alkorta |
|
| MÁS INFORMACIÓN |
 |
|
|
 |
|
|
El hombre maratón
|
|
Pedro Galarza ha completado 25 maratones en un año, 23 por debajo de las tres horas
|
 |
|
Igor Camaño Bilbao
|
 |
A Pedro Galarza una cosa le ha llevado a la otra. La bicicleta, al futbito. El futbito, al maratón. El maratón, al Ironman. El Ironman, a una carrera de fondo de cien kilómetros a pie. Y, claro, llega un momento en el que es difícil superarse. Hacer un maratón había dejado de motivar al korrikolari de Zalla. Un deportista sin motivación es como un coche sin gasolina: no anda. «Te haces mayor y llega un punto en el que no puedes bajar tus marcas. Entonces hay que buscarse otras metas para motivarse y seguir entrenando. He llegado a los cincuenta y era el momento de hacerlo», explica. No tuvo que buscar mucho. Enseguida encontró la motivación para seguir y seguir. En lugar de hacer un maratón, se propuso correr, en un año, las 24 maratones que se organizan en España (más la que hizo en Marrakech). Así de sencillo. Así de complicado. Así son los de Otxaran, al menos éste, que incluso desafió a un caballo y a su jinete en una carrera monte a través.
El reto lo concluyó la semana pasada en Barcelona. «Que yo sepa -y estará bien informado porque organiza el maratón alpino Galarleiz- nadie había hecho esto antes», apunta sin darse importancia. Salvo en dos -en uno por lesión-, en los otros 23 maratones ha bajado de tres horas. Hay que correr. «No he ido al límite en ningún momento. No podía hipotecar los siguientes maratones por arañar unos minutos al reloj. Lo importante era completar los 25, no hacer marcas espectaculares». El mejor registro de Galarza en los 42,195 kilómetros es 2h28:00. Lo consiguió en Donostia en 1983 y la repitió en su segunda participación en el maratón de Nueva York, en 1989.
Cuatro en trece días
Las fechas le han obligado a cerrar el círculo con un maratón cada tres días. Por correr ha corrido hasta los maratones que, por distintas causas, no se organizaban esta temporada: Laredo, Tui, Nalón y Barcelona. «Mira, es fácil. Me ponía en contacto con los organizadores, les comentaba mi reto y todos se han desvivido por ayudarme. Por ejemplo, el último, el de Barcelona, lo corrí a las cinco de la mañana. Me acompañaron tres personas de la organización en bicicleta y me iban parando el tráfico en los semáforos, además de controlarme el tiempo. Todas las marcas son oficiales. El amanecer me cogió pasando por la catedral y fue súper bonito».
Todos los ha hecho con las mismas zapatillas, unas Nike Air Pegasus. No usa pulsómetro ni tiene preparador: «Entreno seis días y descanso uno. Pero con este reto no me ha hecho falta entrenar. Con los maratones me ha bastado. Como de todo. No me preocupo de grasas ni de nada. Si, por ejemplo, corro el domingo, el miércoles es mi último día de entrenamiento. Hasta ese día procuro no comer hidratos, para vaciar el organismo, y de ahí hasta la carrera como muchos hidratos el resto de días. No me gusta desayunar mucho antes de hacer un maratón. Como uno o dos yogures con cereales, y a veces un té, me basta». Esos son todos sus secretos.
Próximo reto internacional
Galarza calcula que entre viajes, hoteles y demás se habrá dejado unos 9.000 euros por el asfalto. No tiene patrocinadores. «No le he pedido nada a nadie. No quiero tener esa responsabilidad. El primer año que corrí el maratón de Nueva York la empresa me pagó el viaje. Cogí tal responsabilidad de no fallar que me bloqueé. Tuve problemas de ansiedad y depresión. Por culpa de aquello pasé cuatro años muy malos. Pensé que tenía cáncer de tiroides. Y todo eran los nervios. Porque una sofróloga de Santander me curó, si no igual hoy estoy en Zamudio, trastornado».
Su próximo reto, en fase de preparación, podría ser el de correr un maratón en cada uno de los 25 países miembros de la Unión Europea. Galarza todavía ríe al recordar su primer contacto con las zapatillas: «Una noche venía de trabajar, vi a unos de Balmaseda corriendo con unas linternas, me paré y les pregunte que para qué corrían. Me respondieron que para preparar un maratón. Sin saber muy bien qué era eso me animé a imitarles. Hasta hoy». |
|