TOMÁS SAN Miguel (Gasteiz, 1953) acaba de culminar su trilogía sobre la txalaparta con la publicación de ‘‘Dantxa’’ (MusiMagic), un álbum de gran poderío rítmico y bailable en el que hermana trikitixa, el poder telúrico de la madera y la electrónica. En este disco, «dedicado al baile», el músico vasco cuenta con el apoyo de Marlon Klein, integrante de Dissidenten, y del dúo de txalapartaris Ttukunak.
‘‘Dantxa’’, editado en el propio sello de San Miguel, culmina una trilogía en torno a los sonidos de la txalaparta que se inició con ‘‘Lezao’’, en 1994, y que prosiguió con ‘‘Ten’’, en 1998. Al contrario que en ellos, marcados por el canto gregoriano y una cierta nostalgia, el compositor, pianista y acordeonista gasteiztarra ofrece en su última obra instrumental -las únicas voces se tornan irrintzis- un trabajo más festivo, lúdico, voluptuoso y rítmico, que parte siempre de los sonidos del folclore vasco para impulsarse hacia lo contemporáneo.
Con la ayuda en la txalaparta de Ttukunak y de las percusiones de Marlon Klein, integrante de Dissidenten, grupo con el que San Miguel colabora hace años, junto a apoyos puntuales de Jorge Pardo a la flauta y del guitarrista Antonio J. Gómez, la triki de San Miguel dibuja viruetas libres y jubilosas en composiciones como ‘‘Noche de San Juan’’ y ‘‘Sorginetxe’’, donde el folk vasco se empapa de samba, jazz y sonidos étnicos bailables sobre una base rítmica de madera y electrónica cercana a los sonidos trance. Música «sin límites y sin barreras», que conecta lo vasco con el ‘‘etnodance’’ que suena y se baila en cualquier club del mundo. |