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LA IMPARABLE destrucción de empleos en el sector de la automoción tenía ayer un nuevo protagonista en Daimler-Chrysler. Dieter Zetsche, el consejero delegado de la compañía, anunciaba en Berlín que en los próximos tres años eliminarán 6.000 puestos de trabajo de los departamentos administrativos, lo que significa que la reestructuración afectará a un 30% del personal dedicado a estas labores. Alemania será el escenario de la mayor parte de los despidos, que se distribuirán entre la propia Chrysler y Mercedes. En EE.UU. sólo está previsto el despido de 300 trabajadores. El fabricante alemán pretende ahorrar unos 1.200 millones de euros al final del proceso, y la Bolsa de Frankfurt lo ha acogido positivamente regalando alzas a la cotización de sus acciones de un 5%. Este anuncio se produce un día después de que Ford anunciase una reestructuración de su plantilla que afecta a 30.000 trabajadores, ahora sí, la mayor parte en EE.UU. Hace un par de meses, General Motors anunciaba 30.000 despidos en EE.UU. y el cierre de doce fábricas. Desde 2000 se ha anunciado la destrucción de 140.000 puestos de trabajo entre los grandes fabricantes de Detroit, y esa cifra equivale a un tercio de los trabajadores que empleaban a finales de la pasada década. La cuestión es saber cómo se reabsorberá esta avalancha de trabajadores cualificados. En EE.UU., con su tradición de despido libre y las políticas de protección social locales, atribuibles a los estados e incluso a los condados, se revelan como los grandes amortiguadores sociales de esta avalancha de despidos. En Europa, todavía los grandes constructores no han iniciado programas de destrucción de empleo similares. Aquí tendrían que ser los servicios de asistencia social de los distintos Estados quienes se encargaran de dotar de cobertura a estos desempleados. Pero todo ello representa un aumento del gasto público en un momento en que todos los políticos apuestan por recortar impuestos; es decir, por reducir los ingresos de las arcas públicas. |