El servicio de neumología del Hospital de Cruces está tratando en la actualidad seis casos de mesotelioma maligno. En los últimos 20 años el número de trabajadores atendidos en la unidad por este cáncer de pleura, provocado por el contacto directo con amianto, se eleva a 16. «Sólo un caso de un millón no está relacionado con el amianto», añadía ayer el responsable de la unidad, Víctor Sobradillo.
El amianto provoca en los trabajadores tres enfermedades que aparecen paulatinamente: a partir de los 10 años del contacto surgen los casos de asbestosis (una enfermedad crónica que desemboca en fibrosis pulmonar), entre 20 y 30 años aparecen los afectados de cáncer de pulmón, y a partir de los 30 años de contacto emergen los mesoteliomas. Es ahora, por tanto, cuando brotan los primeros casos de cáncer de pleura en relación con el periodo 1960-1984, cuando el amianto era un mineral habitual en Bizkaia y el resto de Euskal Herria.
«A los trabajadores de un fábrica de Barakaldo les gustaba tumbarse encima de las montañas de amianto, era una sensación agradable, como yacer entre polvos de talco. A finales de la década de los cincuenta no sabían qué era aquello». El primer caso mortal en la CAV data de 1972, pero de aquella empresa de 330 trabajadores han fallecido 57 personas por asbestosis, 9 de cáncer de pulmón y 3 por cáncer de pleura. Es decir, el número de casos mortales va en relación con el nivel de aparición de las enfermedades.
Son historias «terribles», aseguraba el responsable de neumología de Cruces antes de moderar una mesa redonda sobre el amianto, organizada por la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao. Pero aunque suene extraño, el doctor no dudó en afirmar que son «pocos casos para lo que podría haber sido». Sin ánimo de ofender a los familiares o a los sindicatos, Sobradillo se refiere a que «nos hemos salvado bastante porque el uso del amianto en la industria fue prohibido en 1984».
«Fue una lucha de titanes, pero no porque las administraciones o la industria nos pusiera trabas, nada de eso. Yo iba a Barakaldo y me decían: pregunta lo que quieras. Querían resolver aquello». Sobradillo fue el médico de aquella mortífera fábrica de la margen izquierda. Él, por su parte, informaba a los trabajadores «de todo», aunque la verdad fuera desafortunada.
«Pero es que no hay otra. Los pacientes llegaban con un cuadro de fatiga de cinco o seis años. Caminaban cinco metros y se cansaban, les faltaba el aire en los pulmones». El último paciente que se le murió llevaba practicándose chequeos periódicamente. «Un día vino para pedirme un escáner, le hicimos la prueba y nada, sin embargo, al de poco desarrolló un mesotelioma». El trabajador había respirado amianto gris, una variedad letal procedente de África del Sur. |