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El callejón de las botxerias
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Recuerdo del buen doctor
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La Academia de Ciencias Médicas de Bilbao honró la memoria del médico Isaac Fernández Martín-Granizo con una mesa redonda que tuvo aires de homenaje a un médico extraordinario.
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Jon Mujika
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Hay gente que pasa por la vida con escándalo de taconeo y otros que lo hacen con el sigilo de las zapatillas. Y puede decirse que no importa tanto el calzado que se emplee como la huella que uno deje. Es imborrable la que ha quedado sobre las playas de la medicina vasca tras la muerte del buen doctor, Isaac Fernández Martín-Granizo, un hombre de pieza entera que dejó un reguero de amigos tras su marcha. La Academia de Ciencias Médicas de Bilbao, de la que fue presidente entre los años 1987 y 1989 le brindó ayer un merecido homenaje al viejo estilo científico: con la salud puesta sobre una mesa redonda que fue presentada por Felipe Vara y moderada por Víctor Sobradillo. En la misma participaron los doctores Juan ‘‘Ba-txi’’ Galdiz, Javier Garros, Pedro Ansola y Alberto Capelastegi, para exponer los males que nos acechan tras la exposición al amianto, un material bandolero, capaz de ‘‘robarnos’’ la vida en medio del camino.
Más allá del corte académico del acto, que sin duda tuvo vuelo intelectual, lo que interesa resaltar en estas letras es el vuelo del recuerdo. Tengo escrito que es la memoria de quienes se quedan lo que hace a los muertos inmortales y ayer se pudo comprobar una vez más. La compañera de viaje en la vida de Isaac, María Victoria Barrenetxea, agradecía las muestras de cariño recibidas y la masiva afluencia de amigos que la arroparon. Desee Amaia Gorostiza a Gonzalo Astorqui, quien también se sentó en la butaca de mando de la Academia durante un tiempo y se ha labrado un nombre en la carretera como médico ciclista, pasando por Alvaro Ortega, Benjamín Pedraz, Eduardo Polo, Oscar Rodríguez Porto, Luis María Zaldumbide, José Miguel Insausti, Juan Manuel Uribarri, Begoña Munsuri, el actual presidente de la Academia de Ciencias Médicas, Juan José Zarranz, hombre que admiraba la figura del médico agasajado, Alberto Elorriaga y un buen número de amigos de Isaac, un hombre renacentista que trascendió de la práctica médica a la humana y se cultivó en múltiples facetas.
Puede decirse, aprovechando los dados del azar que nos ofrece el calendario, que los presentes viven bajo un frío sol de invierno, que ése es el título de la película presentada ayer en el cine club Fas en presencia de Pablo Malo, un director audaz que ganó un Goya por esta obra. Es una manera literaria de contarlo que a buen seguro contará con el visto bueno de los poetas de Café Boulevar, que ayer volvieron a congregarse, como cada martes, alrededor de la mesa. En esta ocasión glosaron la figura de Juan Ramón Jiménez . La presencia de Fernando Zamora, Lola Lobato, Fermín Aldekoa, Javier Etxebarria, Misere Josephe, Carmen Gállego, Oscar Mendizabal, Javier Ortuzar, Javier Mouriz y compañía comienza a ser costumbre en este Bilbao de invierno, más melancólico que nunca en su añoranza a Isaac. Lo que ahora hace falta es que el paso del tiempo cure la ausencia y que la profesión médica continúe dándonos personalidades como las citadas, algo que ocurre con hermosa frecuencia. |
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