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El chipriota Marcos Baghdatis permanece en el suelo de la Rod Laver Arena tras perder un punto en un lance de su partido de cuartos de final que le enfrentó al croata Ivan Ljubicic. Efe |
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Baghdatis, el prestidigitador de Melbourne
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El chipriota se plantó en semifinales tras dejar en el camino al croata Ivan Ljubicic
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Miguel Luengo Melbourne
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Marcos Baghdatis, que el pasado domingo dio la sorpresa al eliminar al estadounidense Andy Roddick, amplió su repertorio de "prestidigitador" y con una victoria sobre el croata Ivan Ljubicic por 6-4, 6-2, 2-6, 4-6 y 6-3 se colocó en las semifinales del Abierto de Australia.
Falto de experiencia en estos torneos que encumbran a los que comienzan, el campeón del mundo junior en 2003 se volvió a doctorar en la Rod Laver Arena, y con un trabajo de tres horas y 17 minutos buscó una plaza entre los cuatro supervivientes finales.
Fueron cinco sets eléctricos. Un partido que se rompió cuando el de Limassol robó el servicio del último campeón de la Copa Davis en el 3-1 del quinto set con un sensacional cruzado de derecha, para alzarse luego con la segunda victoria consecutiva ante Ljubicic en Melbourne.
Su rival en semifinales será el argentino David Nalbandian, que acabó con el hasta ahora irreductible francés Fabrice Santoro por 7-5, 6-0 y 6-0, cerrando así un círculo en el Grand Slam donde ha completado ya todas las penúltimas rondas en cada uno de ellos.
Finalista en Wimbledon en 2002, semifinalista del US Open en 2003 y de Roland Garros en 2004, Nalbandian se transforma en los grandes, y es ya el primer argentino en la historia que ha logrado apuntar su nombre en las semifinales de todos ellos.
Su partido fue de poderío ante el hasta ahora irreductible francés Fabrice Santoro, el más veterano de los que quedaban en el cuadro, de 33 años, dos veces campeón de dobles en Melbourne, y que había necesitado 54 torneos del Grand Slam para lograr por primera vez los cuartos individuales en un grande.
El "Maestro" David, lo consiguió en una hora y 41 minutos, aunque no todo fue tan fácil para el cordobés al principio. El suave toque del francés, desconcertante y habilidoso, prevaleció en el primer parcial donde Santoro intentó jugar con Nalbandian y destrozarle los nervios con voleas y globos consecutivos, lo que le llevó a colocarse con 4-3 a su favor y 40-15. Pero ahí se acabó su "magia". Nalbandian se repuso y, como un ciclón, se hizo con la manga antes de borrar a su rival en los dos siguientes sets, con sendos "roscos". |
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