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Calderón y Scola celebran el pase a la Final Four. Asier Bastida |
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La antesala de la gloria
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El Baskonia logró el billete para la Final Four en una noche memorable frentea su rival de hoy
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M. González Gasteiz
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LA ANTESALA de la gloria. La última visita de la Benetton de Treviso, en el mes de abril del pasado año, supuso la clasificación para la primera Final Four de la historia del club. Los dos triunfos cosechados por el conjunto baskonista, dirigido entonces por Dusko Ivanovic, ante el colectivo adiestrado por Ettore Messina, hizo subir al club un peldaño más en su historia y acceder a la cita de Moscú, donde finalmente obtuvo un meritorio subcampeonato continental.
En aquella eliminatoria de cuartos de final, la máxima emoción estuvo en el segundo encuentro, que se jugó en Gasteiz. En el primer acto los baskonistas, liderados por Scola y Macijauskas, arrollaron literalmente a los de Treviso. El 59-98 final dejó noqueado, herido de muerte, al conjunto del Palaverde. Sobre todo cuando la siguiente cita iba a tener lugar 48 horas después en el coliseo baskonista.
Todo estaba dispuesto para que los gasteiztarras obtuviesen el billete para la Final Four sin necesidad de regresar al Palaverde. Sin embargo, todo el mundo fue consciente de que la empresa iba a estar llena de dificultades. No era para menos. El objetivo lo valía.
Nadie pensaba en un nuevo paseo como el vivido dos jornadas antes en la cancha italiana. Otro tropezón de gigantescas características por parte de un conjunto herido en su orgullo se antojaba inviable. Y así fue.
La moneda cayó del lado baskonista, aunque el esfuerzo derramado y el músculo tenso fueron constantes durante todo el encuentro. La exhibición ofensiva del Palaverde dio paso a un duelo cerrado, de pocos puntos, de afición volcada y de igualdad absoluta en la cancha.
Con ocho jugadores
Además del duelo constante vivido en el parquet, la batalla en los banquillos también resultó interesante en aquella inolvidable jornada que pasaportó al Baskonia al club de los elegidos. Dusko Ivanovic, cuyo futuro culé era un secreto a voces, se enfrentó a Ettore Messina, el mejor colocado en la carrera por la sucesión, aunque finalmente optara por la vía moscovita para su futuro profesional.
Los baskonistas, con ocho jugadores en la cancha, se impuso por 66-64 a los de Treviso. Los supervivientes de aquella batalla -Scola, Prigioni, Hansen, Vidal, David y Splitter en el bando baskonista y Siskauskas, Soragna, Bargnani, Sottana y Goree en la Benetton- seguro que recuerdan hoy aquella inolvidable noche de abril. La antesala de la gloria europea para el Baskonia. |
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