Una cosa es la teoría y otra la práctica. En teoría, las situaciones difíciles, los momentos comprometidos, los apuros, son para la gente con experiencia. La veteranía es un grado. Esa teoría, aplicada al Athletic, conduciría a un equipo plagado de veteranos, futbolistas con muchas horas de césped en sus botas y unas cuantas temporadas a sus espaldas. La práctica es otra. Pese a que la presente campaña es la más angustiosa, y con diferencia, de los últimos tiempos, los técnicos de la casa confían el presente al futuro del club: a los más jóvenes. La apuesta es total: a todo o nada. En sólo media temporada, el primer equipo ha acogido el aterrizaje de cinco futbolistas del filial.
El número de ‘‘saltos’’ no rompe ningún récord, pero sí es significativo. La pasada temporada, sin ir más lejos, debutaron seis chavales con Ernesto Valverde: Moya, Llorente, Pampín, Solabarrieta, Azkorra y Casas. De todos ellos sólo continúan en el primer equipo y en Lezama dos: Llorente y Casas. Los demás hacen méritos como cedidos en equipos de Segunda División y Segunda B. El dato es elocuente. Muchos de aquellos debuts se produjeron por necesidad imperiosa, porque no había más. Es el caso de Roberto Pampín, el portero que ahora defiende (las pocas veces que lo hace) la portería del Real Unión. O el de Moya, quien junto a Javi Casas (27 partidos la pasada campaña) formaba la dupla que iba a hacer más llevadera la marcha de Asier del Horno. Eso se decía.
El caso de la presente temporada es distinto. Mendilibar y Clemente han tirado de Tarantino, Ibon, Amorebieta, Dañobeitia y Ustaritz por otras causas. En la mayoría de los casos ha sido una cuestión táctica, de preferencias, no de necesidad, entendida ésta como que dentro de la primera plantilla no hubiera un jugador para cubrir un hueco. La necesidad podrá ser parecida, pero se llega a ella por rutas distintas. Si los técnicos han recurrido a ellos es porque consideran que son mejores o pueden aportar un mayor rendimiento que veteranos ilustres que calientan banquillo. Además, han contado con la inesperada carta de recomendación que supuso la Intertoto. |